Para endulzarles la voz

CILINDRO HOMO NARR.

 

[En la isla de Bali] la forma normal de hacer aflorar el saktí [poder mágico] aletargado es someterse al mawintén, la ceremonia de iniciación de sacerdotes, magos, bailarines y actores, destinada a proporcionarles suerte, belleza, inteligencia, y el encanto personal que les permite tener éxito. A los narradores de historias y cantores de epopeyas (kekawin) se les inscriben con miel sílabas mágicas en la lengua para endulzarles la voz. La ceremonia la ejecuta un sacerdote que, tras limpiar y purificar a la persona mediante una maweda [recitado de mantras acompañado de acciones rituales y gestos significativos], escribe sobre su frente, ojos, dientes, hombros, brazos, etc., signos invisibles con el tallo de una flor mojada en agua bendita.

Miguel Covarrubias, Island of Bali, Nueva York: Alfred A. Knopf, 1937, pág. 340
Ilustración inspirada en un dibujo mesopotámico

Allanar el suelo

Muñeca navajo

Un viejo narrador [antes de empezar su relato]  solía allanar con la mano el suelo delante de sí y hacía dos marcas en él con el pulgar derecho, dos con el izquierdo y una doble marca con ambos pulgares a la vez. A continuación se frotaba las manos, y se pasaba la mano derecha hacia arriba por la pierna derecha, hasta la cintura; se tocaba la mano izquierda y la pasaba por el brazo derecho hasta el pecho. Hacia lo mismo pasando cada mano en la misma dirección por el otro costado. Después tocaba las marcas del suelo con ambas manos, se las frotaba y se las pasaba por la cabeza y por todo el cuerpo.

Esto significa que el Creador había hecho el cuerpo y las extremidades de los seres humanos del mismo modo que había hecho la tierra, y que el Creador era testigo de lo que iba a narrarse. No contaban ninguna de las historias antiguas o sagradas sin antes hacer esto. Y era algo bueno. Yo confié siempre en [los viejos narradores], y creo que contaban la verdad. (John Stands in Timber, cheyenne).

John Stands in Timber y Margot Liberty, with Robert M. Utley, Cheyenne Memories, Lincoln y London: 1972 [1967], p. 12.
Ilustración inspirada en el arte del pueblo Navajo del suroeste de Estados Unidos.

Amarrando el mito

 

Según la señora Mary Eyley, en el entorno nativo de la zona alta del río Cowlitz los relatos que eran muy largos se contaban en dos o más noches consecutivas. En tiempos pasados, quizá cuando los oyentes estaban marchándose o quedándose dormidos, era costumbre hacer un alto diciendo algo así como “Ahora amarraré mi mito”, dando a entender que el mito era como una canoa, y había que amarrarlo a un leño o árbol de la orilla del río hasta la noche siguiente, cuando se reanudaba el viaje por mito. Entonces, al llegar el momento de las historias, puede que el narrador, dijera: ‘Ahora desamarraré el mito», y el relato proseguía a partir del punto en que se había interrumpido.

Todavía con este símil, si el narrador se desviaba del cauce principal de su relato, o se desviaba hacia un canal secundario de chismorreo o de cualquier otra cosa irrelevante, podía suceder que uno de los oyentes lo amonestara exclamando … ‘Parece que tu mito va a la deriva’. Es también interesante constatar que cada frase, o quizá cada expresión del relato, terminaba con un semi-ritual llamado of ‘i’…!‘, literalmente ‘¡sí!’ por parte del público, de quien, si estaba despierto, se esperaba que respondiera de forma habitual de esta manera un tanto cansina. En estos tiempos modernos de escepticismo y degradación, los mitos encuentran un público que se limita sonreír, y incluso se muestra relativamente indiferente.

Klikitat (sahaptin), in Melville Jacobs Northwest Sahaptin Texts, New York: Columbia University Press, 1934.
Ilustración inspirada en grabados rupestres de una cueva de la isla de Götland.