Ojalá terminara ahí

HN_RUANDA

Somos historias.’ Es una idea tan sencilla que hasta un niño la entendería. Ojalá terminara ahí. Pero somos historias dentro de historias. Historias dentro de historias dentro de historias. Sin cesar, vamos quedando atrás, enmarcados y re-enmarcados, hasta que somos ilegibles para nosotros mismos.

(Ivan Vladislavic, 101 Detectives: Stories, Ciudad del Cabo: Umuzi, 2015, pág. 147)
Ilustración inspirada en un dibujo tradicional de Ruanda
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El que da mucho tributo en palabras

 

kamon

[S]hé-mutúro wábinwa / el que da mucho tributo en palabras: no es una expresión de alabanza, ni una crítica a quien habla demasiado, sino que se refiere a quien da tributo en palabras, que ayuda mediante su destreza como juez y orador.

Daniel Biebuyck and Kahomb C. Mattene, The Mwindo Epic from the Banyanga (Congo Republic), Berkeley and Los Angeles: University of California Press, 1969, p. 80 note 143  
Ilustración inspirada en un kamon, símbolo usado por los samuráis

No es una figura retórica

ancestro

 

«Si, entonces, los griots, todavía activos en pueblos y aldeas del Sudán, siguen transmitiendo toda la cultura de la tradición popular africana y haciendo de las masas ‘analfabetas’ gente perfectamente civilizada y cultivada, consciente de sí misma y respetuosa de los demás, temernos lo que sucederá cuando sus voces dejen de oírse, pues sus hijos y [nietos] asisten hoy día a la escuela europea y la tradición familiar ya no se transmite.

»Por lo que a la consiguiente pérdida para África y para el mundo se refiere, sólo podemos calibrar su importancia si somos conscientes de la importancia de este patrimonio. Para demasiados extranjeros y africanos modernos e ignorantes, no se trata más que de un puñado de cuentos sin importancia. […] Sin embargo, si examinamos con más detenimiento ciertas zonas de África, encontramos una literatura mucho más diversa, que incluye distintas categorías [y no sólo “cuentos”]: epopeyas, mitos cosmogónicos, aventuras, comedias populares, poesía amorosa, poesía oratoria (fúnebre, bélica, matrimonial, de alabanza), drama ritual y canciones religiosas, por no hablar, por supuesto, de máximas, cuentos y fábulas, acertijos y proverbios. Todo esto constituye un conjunto tan inmenso en calidad e importancia como la literatura medieval de nuestra douce France. […]

»Debería pedirse a toda persona de cultura francesa que se parase a pensar por un instante en el vacío que se crearía, y en el manantial vivo que se secaría si, por alguna desgracia, este patrimonio ancestral se perdiera, y con él la fe, la historia, la poesía, la grandeza, la sabiduría y la experiencia. Sólo tras una reflexión así puede uno preguntarse si en nombre del desarrollo económico y de una educación al estilo europeo hay derecho a negar al africano de hoy día los cimientos de su cultural básica original.

»Theodor Monod dijo en 1934, no sin humor, “el africano no bajó ayer de los árboles”. Hampaté Bâ nos advierte hoy: “con la muerte de cada anciano, arde una biblioteca”, y no es una figura retórica!»

[Que yo sepa, esta es, en su contexto, la primera ocasión en que la muy repetida frase de Amadou Hampaté Bâ apareció impresa, sin duda en la edición francesa de la revista Presence Áfricaine, que aparecía simultáneamente en versión inglesa. El breve artículo de Kesteloot trata de las epopeyas del África Occidental. –Ed.]

 

Lylian Kesteloot, “The West African Epics”, Présence Africaine, vol. 30, 1966, pp. 201-202
Ilustración inspirada por una escultura que representa un ancestro de Indonesia

El narrador nunca recitará la secuencia completa del relato

indonesia

La epopeya de los nyanga no es un texto que se recite sólo en determinados momentos o en ocasiones ceremoniales altamente esotéricas. No hay en ella nada secreto; está destinada a que todo el mundo la escuche y la disfrute. Normalmente un jefe o cabecilla, o simplemente – para proporcionar entretenimiento a su gente y a sus huéspedes –, la persona de más edad de un grupo de personas emparentadas, invita al bardo para que recite al anochecer varios episodios de la epopeya, alrededor de la choza de los hombres, en medio del poblado. Una muchedumbre de personas de ambos sexos, jóvenes y de más edad, acuden para escuchar, o más bien para ser oyentes participativos. […] Lo interesante es que el narrador jamás recitará el relato de principio a fin en una secuencia completa y consecutiva, sino que recita de forma intermitente diversos pasajes escogidos del mismo. El señor Ruerke, cuya epopeya se ofrece aquí, ha aseverado una y otra vez que nunca antes había recitado el relato completo en un periodo de días sucesivos.

Daniel Biebuyck y Kahomb C. Mattene, The Mwindo Epic from the Banyanga (Congo Republic), Berkeley and Los Angeles: University of California Press, 1969, pág. 13-14

Ilustración inspirada en instrumento chamánico de Indonesia

Las epopeyas vienen del otro lado de la vida

Huevo Tierra

 

Las canciones de nvet que cantamos [las que están dentro de las epopeyas], las componen las personas. Por ejemplo, si te ocurre algo, malo o bueno, puedes componer una canción hablando de ello. Las epopeyas no se inventan o componen. Las epopeyas vienen del otro lado de la vida [es decir, el mundo de los muertos]. Un mbom nvet, un viejo mbom nvet como yo, somos los únicos que traemos las epopeyas del otro lado de la vida. Y los pequeños trovadores, los trovadorcillos, se aprovechan relatando las epopeyas que otros traemos del otro lado de la vida. Es decir, las cosas que han ocurrido, las que están pendientes de ocurrir y las ocurridas. Pero yo no toco todas mis epopeyas. Voy tocando algo, algo, algo. Porque si os desarrollara una gran epopeya, aquí, antes del amanecer todos los que aquí nos encontramos estaríamos atados [como delincuentes en la cárcel]. Por eso voy tocando las epopeyas buenas y suaves.

De una epopeya nvet de Eyí Moan Ndong, en Ramón Sales Encinas, Eyom Ndong, el buscaproblemas y Mondú Messeng: epopeyas de Eyí Moan Ndong, Barcelona: CEIBA, 2007, pág. 118
Ilustración inspirada en motivos folklóricos tradicionales.

El relato sigue viviendo

PAREJA_HN

 

Cualquiera puede compartir la magia del relato

pero nadie debe nunca erigirse en su único dueño

así que, le pase lo que le pase al narrador,

el relato sigue viviendo.

 

Gcina Mhlophe (contracubierta de Stories of Africa, Durban: University of KwaZulu-Natal Press, segunda edición, 2004).
Ilustración inspirada en pinturas rupestres de Lesotho

Un cuento es el viento

Nudo

«Tú sabes que espero a que vuelva el hombre del lugar,* la luna,

para regresar yo a mi hogar,

escuchar los relatos de la gente,

cuando la visite,

escuchar las historias que cuentan.

Ellos escuchan las historias de la gente de la Llanura, sí,

del otro lado del lugar,

esto hacen, las escuchan.

Cuando el  otro hombre del lugar, el sol, calienta un poco

me siento al sol;

sentado, escucho las historias que vienen de lejos,

historias que llegan desde la lejanía.**

Obtendré entonces de ellos una historia, sí,

porque las historias flotan desde la lejanía.

Cuando el otro dueño del lugar calienta un poco,

siento que en verdad debo ir de visita,

para hablar con ellos, mis congéneres. […]

Primero debo sentarme un rato, refrescar mis brazos,

dejar que les pase la fatiga.

Simplemente, escucho,

esperando una historia que deseo escuchar;

espero que flote hasta mi oído.*** […]

Iré a sentarme en mi hogar,

para orientar mis orejas hacia mis pasos

que recorrí, sí,

porque siento que una historia es el viento:

le gusta ir flotando de un lugar a otro.

 

* La expresión |xam es !xoe-sho-!kui, literalmente, «la persona del lugar».  Según Lloyd (p. 298), ||kabbo dijo que “el otro nombre de la luna es !xoe-sho-!kui, el mismo que el otro nombre del sol”. En la misma nota Lloyd explica también que |a!kuŋta tradujo la expresión como «el hombre que conoce todos los lugares». Un poco más adelante en este mismo testimonio, ||kabbo, hablando en tercera persona, alude a sí mismo como !xoe-sho-!kuiten, que es la forma enfática de esta misma expresión. Entonces Lloyd lo traduce como the man of the place, «el hombre del lugar». (Nota de JMdP-S)

** ||kabbo explica que un cuento es “como el viento, viene de un lugar lejano, y lo sentimos”. (Nota de Lucy C. Lloyd)

***||kabbo explica que cuando uno ha recorrido un camino, y se sienta, aguarda a que un relato viaje hasta el, siguiendo la misma senda. (Nota de Lucy C. Lloyd)

 (||kabbo, narrador |xam ; dictado en julio y agosto de 1873 a W. Bleek y L. C. Lloyd; véase una traducción distinta en J. M. de Prada, La niña que creó las estrellas: relatos orales de los bosquimanos |xam , Madrid: Lengua de Trapo, 2011, págs. 5, 6).
Ilustración inspirada en un nudo de diseño tradicional finés.