Inventar

dragónserpiente

De pequeña, [Edith Wharton] tenía el curioso hábito de lo que ella llamaba “inventar”. Antes de que aprendiera a leer, se sentaba durante horas con un libro en el regazo y fingía leer uno de los cuentos que contenía. Cuanto más negra y densa era la tipografía, mejor. Caminaba rápidamente arriba y abajo y entraba en una especie de éxtasis de composición verbal; en cierta ocasión, su madre intentó anotar lo que Edith decía, pero no pudo mantener el ritmo. Cuando una niña llegó de visita para jugar, Edith le pidió a su madre: “Entretenme a esa niña. Yo tengo que inventar”. Más tarde, cuando aprendió a leer, su inmersión en textos reales se mantuvo en la línea de estas invenciones obsesivas.

Edmund White, “The House of Edith”, New York Review of Books, 26 April, 2007, pág. 39
Ilustración inspirada por los créditos de la serie de TV Juego de tronos 
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Los relatos son como genes

HN-zarpa

Las narraciones son como genes, una vez concluida nuestra historia mantienen viva una parte de nosotros, y tiene mucho de conmovedor que Sheherazade asuma la dicha de siempre jamás no tras su boda, sino después 1001 relatos y tres hijos.

A. S. Byatt, On Histories and Stories: Selected Essays, Cambridge: Harvard University Press, 2001, p. 166.
Ilustración basada en la tradición de los indios de Norte América.