Dios ha sembrado en mi corazón el don del canto

Navajo

Cuando le pregunté al cantor [de historias] con más éxito de los que llegué a conocer si podía recitar tal o cual cantar, me respondió: “Puedo recitar cualquier cantar porque Dios ha sembrado en mi corazón el don del canto. Él pone la palabra en mi lengua sin que tenga que buscarla. No he aprendido ninguno de mis cantares; todo mana de mis entrañas, de mí mismo.

 

Wilhelm Radloff en “Samples of Folk Literature from the North Turkic Tribes” traducido por Gudrum Böchter Sherman con Adam Brooke Davis, Oral Literature, 5: 84; esta es la parte de Radloff’s book Aus Sibirien, publicada en Leipzig, 1854
Ilustración inspirada en un diseño del pueblo Navajo

 

 

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Cuentos por millas

mujeres

Desde nuestro campamento cerca de las orillas de este famoso lago [Urmia] a la ciudad de Maragheh hay dieciocho millas: hicimos la etapa durante la noche. El mulá Adinah, narrador de Su Majestad, estaba en nuestro grupo. El elchee (embajador) le pidió que amenizara el tedio del camino con un cuento.

–¿De cuántos farsekhs* lo queréis? –fue su respuesta.

–De cinco, por lo menos –fue la respuesta.

–Puedo complaceros a las mil maravillas–dijo el mulá–, tendréis a Ahmed el zapatero.

No pude evitar reírme de esta forma de medir un cuento; pero me aseguraron que era una costumbre habitual, surgida del cálculo que los narradores profesionales se veían obligados a hacer del asueto de sus oyentes. A cualesquiera otros comentarios sobre esta costumbre puso fin el mulá Adinah, pidiéndonos que calláramos y prestásemos atención; satisfecho su deseo, empezó de este modo:

–En la gran ciudad de Isfaján vivía Ahmed el zapatero, un hombre honrado y hacendoso… [el cuento ocupa 19 páginas].»

* 1 farsekh = c. 3 miles = 5 kilómetros.

Sketches of Persia, from the journals of a traveller in the East, London: J. Murray, 1845 , p. 252 (la primera edición es de 1827).
Ilustración inspirada en pinturas rupestres bosquimanas del Cederberg, Suráfrica

Nada que temer durante el recital

Pez dentado

Antes de iniciar un recital del Manas, Keldibek dijo a sus pastores que acudieran sin temor al campamento porque su ganado regresaría a casa por sí mismo, y nadie, fuera persona o animal salvaje, podría robarles una oveja mientras él estuviera cantando el Manas. Pero cuando empezó a cantar la yurta se puso a temblar, se desató un poderoso huracán en medio de cuya oscuridad y estruendo descendieron volando los compañeros de Manas, de tal modo que se agitó la tierra bajo los cascos de sus caballos.

Kirghiz; quoted in Hatto, “Kirghiz”, en Traditions of Heroic and Epic Poetry. Volume I: The Traditions, edited by A. T. Hatto, London: The Modern Humanities Research Association, p. 305; Manas is the national epic of the Kirghiz people, and tells the exploits of the eponymous hero and his descendants.
Ilustración basada en el dibujo de un pez encontrado en Nueva Irlanda, Papúa Nueva Guinea.

Los cuentos son la cultura misma

Ashanti Ghana

Lo cierto es que, en una tierra falta de lengua escrita, el pueblo [Ainu] debe hacer un gran uso de la memoria. Todo lo importante deben confiarlo a la memoria. Para una comunidad así las viejas tradiciones son la historia, la literatura, la filosofía, la ciencia, la escritura sagrada, el código de conducta. En otras palabras, los cuentos son el conocimiento, la religión, el derecho, la cultura misma. Para vivir de forma independiente, un ainu debe conocer a grandes rasgos las leyendas y tradiciones de su comunidad, especialmente si está entre quienes ejercen el mando.

Ainu, Kindaichi, Ainu Life and Legends, Tokio: Board of Tourist Industry, Japanese Government Railways, 1941, p. 60.
Ilustración inspirada en el arte de la cultura Ashanti de Ghana.