Hacer que el material conocido sea relevante para el público

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El narrador no recrea el trabajo de otros, sino que más bien crea, en el proceso de narrar el relato, su propia versión interpretativa. Mediante el uso de recursos como la analogía, el narrador inculca al material ya conocido un sentido relevante para el público e imprime en él su sello personal.

Mary Ellen Page, “Professional storytelling in Iran: Transmission and practice”, Iranian Studies, vol. 12, 1979, pag. 212  
Gatopez. Ilustración inspirada en la cerámica de la cultura de Mimbres, Nuevo México. 
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Para ser narrador hay que tener buena voz

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Además del material que se narra, ciertos atributos puramente físicos del narrador inciden en su labor. Aspectos como la cualidad vocal y los gestos tienen efecto en el público y su forma de reaccionar ante el narrador. La mayoría, por supuesto, estarán de acuerdo en que hay que tener una buena voz para narrar historias. Los oyentes se quejarán si la voz del narrador es débil (za’if). Los oyentes valorarán a los narradores cuyas voces describen como cálidas (garm), una voz que consigue conmoverlos. Los narradores pueden desarrollar formas estilizadas de presentación, pero éstas no son tema de formación, ni constituyen el valor más importante de la narración. […] Todos los narradores reconocen también que pueden adoptar elementos del estilo de otros narradores a los que han tenido ocasión de escuchar.

Mary Ellen Page, “Professional storytelling in Iran: Transmission and practice”, Iranian Studies, vol. 12, 1979, pág. 211
Ilustración inspirada por un dibujo de la cultura Mochica, Perú.

Un buen narrador domina plenamente el relato

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[En Irán,] haya entrado en la narración mediante un estudio formal o se haya formado a sí mismo, un hombre enumerará los mismos puntos clave para triunfar como narrador. Tanto los narradores como el público describen al buen contador de historias como alguien bien versado (vared) en su material. El narrador considera que debe poseer un conocimiento pleno y completo tanto de la fuente literaria como del tumar. Un narrador también se precia de guardar en la memoria un conjunto considerable de poesía lírica.

»El público está familiarizado con el repertorio del narrador, y un narrador no recitará materiales que su público desconozca. Considera que los oyentes no regresarán a diario para pagar y escuchar un relato que no habían escuchado nunca (balad nistand). En suma, los aspectos que se valoran para considerar a alguien buen narrador son los que más se reflejan en la formación para convertirse en narrador profesional: memorización de textos y dominio de un material familiar.

Mary Ellen Page, “Professional storytelling in Iran: Transmission and practice”, Iranian Studies, vol. 12, 1979, pp. 199-200
Ilustración inspirada en los dibujos de MinaLima para el libro de J.K.Rowling Fantastic Beasts and where to find them

Dos formas de hacerse narrador en Irán

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[En Irán], los pasos para convertirse en narrador varían de una persona a otra. […] Lo más común es que el narrador aprenda su arte de un maestro de la narración. Como alumno (shagerd), toma clases de un maestro (ostad) al que paga por las clases y por proporcionarle los materiales. El propio maestro es un narrador en ejercicio. El alumno trabaja en solitario con su maestro. La formación hace hincapié en aprenderse el material de corrido. Al alumno se le enseña la obra literaria Shanama [“El libro de los reyes” de Firdusi, 940-1020 d. C.], estrofa a estrofa. […] Además del trabajo literario, el alumno debe copiar y aprenderse el tumar, que recibe de su maestro. Este tumar es un esquema en prosa de los episodios que componen los relatos que contará. El alumno también aprende filosofía y religión, además de poesía de otros autores distintos de Firdusi. El periodo de formación varía de persona en persona. […]

Un narrador puede entrar en la profesión por su cuenta, sin haber pasado por una formación más rigurosa. Quizá, simplemente, atraído por el arte de narrar historias, vaya a escuchar a varios narradores, aprenda a narrar a fuerza de escucharlos, se busque la parte literaria y la memorice, y empiece luego a ejercer su nuevo oficio.

Professional storytelling in Iran: Transmission and practice”, Iranian Studies, vol. 12, 1979, pp. 198-199
Ilustración inspirada en pinturas rupestres de Lesotho

Cuentos por millas

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Desde nuestro campamento cerca de las orillas de este famoso lago [Urmia] a la ciudad de Maragheh hay dieciocho millas: hicimos la etapa durante la noche. El mulá Adinah, narrador de Su Majestad, estaba en nuestro grupo. El elchee (embajador) le pidió que amenizara el tedio del camino con un cuento.

–¿De cuántos farsekhs* lo queréis? –fue su respuesta.

–De cinco, por lo menos –fue la respuesta.

–Puedo complaceros a las mil maravillas–dijo el mulá–, tendréis a Ahmed el zapatero.

No pude evitar reírme de esta forma de medir un cuento; pero me aseguraron que era una costumbre habitual, surgida del cálculo que los narradores profesionales se veían obligados a hacer del asueto de sus oyentes. A cualesquiera otros comentarios sobre esta costumbre puso fin el mulá Adinah, pidiéndonos que calláramos y prestásemos atención; satisfecho su deseo, empezó de este modo:

–En la gran ciudad de Isfaján vivía Ahmed el zapatero, un hombre honrado y hacendoso… [el cuento ocupa 19 páginas].»

* 1 farsekh = c. 3 miles = 5 kilómetros.

Sketches of Persia, from the journals of a traveller in the East, London: J. Murray, 1845 , p. 252 (la primera edición es de 1827).
Ilustración inspirada en pinturas rupestres bosquimanas del Cederberg, Suráfrica