Cuando la voz elocuente y el gesto de un anciano arrugado y canoso…

burkina

En estas lejanas islas [las Hébridas], donde los hombres viven con lentitud, y viven largo, probablemente porque no viven deprisa –en pintorescos y toscos chamizos construidos con turba y piedras, donde hombres de hasta ochenta años han pasado la mayor parte de su existencia–, en estos remansos de tranquilidad en plena corriente de la vida, viejos pensamientos se acumulan como oro en polvo en un regato de Sutherland, y allí se conservan.

Allí, en las noches de invierno, boquiabiertos y con ojos de asombro, los niños se sientan a la luz rojiza del fuego de turba, bajo el gris entoldado de humo, y escuchan emocionados estos extraños y antiguos mitos. Dejan de ser mozos y mozas harapientos y descalzos, con largas greñas, oscuras o rubias; escuchan cómo el aguerrido pastor luchó contra el dragón y se hizo con la princesa y el reino, y su ánimo se eleva, como el de él. Dejan de existir las patatas y la leche, los tabiques de madera y las cucharas de cuerno, cuando la voz elocuente y el gesto de un anciano arrugado y canoso despliega ante ellos el cuenco de oro y los manjares del gigante.

Y cuando concluye el relato, y el fuego arde apenas, mozos y mozas se arrebujan en sus camastros y siguen soñando, y así sueñan hasta que se hacen mayores, y envejecen, y el viejo relato se convierte en parte de sus tranquilas vidas. El sueño de aventuras del niño es el punto luminoso en una rutina de trabajos y penalidades, y el hombre no lo olvida nunca mientras vive.

John Francis Campbell, “On current British mythology and oral traditions, Journal of the Ethnological Society of London, 1869-1870, vol. 2, págs. 331-332
Ilustración inspirada en un dibujo pintado sobre una calabaza de Burkina Faso
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Canto épico durante toda la noche, en Malaita

cuerno abundancia

[En Malaita, en las islas Salomón] el canto épico ae ni mae, que dura toda la noche, tiene lugar en banquetes para honrar a los antepasados, y sólo se lleva a cabo en ocasiones especiales. Las bodas son también una ocasión para cantar y contar historias toda la noche. En estas ocasiones, dos hileras de hombres se sientan una frente a otra y cada hombre marca el compás haciendo sonar dos pequeños bastones. A la cabeza de las dos hileras se sienta el narrador, que es quien salmodia los relatos épicos.

Kay Bauman, Solomon Island Folktales from Malaita, Danburty, CT: Routledge Books, 1998, p. XVI
Ilustración inspirada en una representación de un nautilus del Mediterráneo oriental.

Cuentos para noches inmensas

 Cactus

¡Huésped! Ya que sobre esto me preguntas e interrogas, óyeme en silencio, y recréate, sentado y bebiendo vino. Estas noches son inmensas, hay en ellas tiempo para dormir y tiempo para deleitarse oyendo relatos, y a ti no te cumple irte a la cama antes de la hora, puesto que daña el dormir demasiado.

Odisea, XV, 390 et ss. traducción de Luis Segalá.
Ilustración inspirada en un diseño amerindio de Norte América.