Contar sólo parte del relato

Haida

 

Muy a menudo [en la Australia aborigen], se contaban fragmentos [de los relatos] referidos a lugares o personajes, sin desarrollar las acciones o seguir hasta el final la trama argumental. A un niño que viajaba por el territorio de un pariente cercano (madre, padre, abuelo, por ejemplo) se le decía el nombre de un lugar especial y de la presencia-espíritu que lo habitaba, o una esposa podía recibir esa información la primera vez que visitaba el territorio de su marido. Estos segmentos probablemente se ampliaban más tarde, dando lugar a relatos más completos. Eran una parte vital del conjunto del proceso de enseñar, aprender y conocer los relatos míticos y su contexto en una región dada.

 

Roland M. Berndt y Catherine Berndt, The Speaking Land: Myth and Story in Aboriginal Australia, Victoria: Penguin Books, 1989 pág. 9
Ilustración inspirada en diseños del pueblo Haida
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Akangkwirreme, escucha hondo

serpientecalabaza

Lo más sólido que puedo a decirles a nuestros niñas y niñas de ahora es: no olvidéis nuestra cultura. Es importante, escuchad a los mayores, no os limitéis a darles la espalda. Escuchad con respeto lo que digan, y seguid adelante.

Para instruir a los niños tenemos que contarles relatos, llevarlos al páramo, movernos con ellos por allí. Salir a cazar, buscar lo que queremos encontrar, hablarles de lo que estamos buscando. Es supervivencia. […] Piensa hondo, cuéntales historias, háblales de lo que haces, así es como mejor aprenden nuestros niños, haciendo cosas. Es también una forma de enseñar a la gente de fuera nuestra cultura: mostrarles nuestro país.

A todos los demás niños, la demás gente, les diría: venid, escuchadnos, os contaremos nuestra cultura. Aprended de nosotros. De esta forma todos sobreviviremos. […]

Debemos hacer cosas juntos: respetar, escuchar y pensar, hacer cosas juntos, no sólo hablar todo el rato. Párate a pensar alguna vez, simplemente dejar que haya silencio. Debes aprender a esperar, a dejar que tus pensamientos vuelvan a ti. Entiende también cómo puede sentirse la otra persona, aprecia que quizá no sepas la respuesta, o entiendas la pregunta. Eso es lo que significa trabajar entre culturas. El respeto tiene que fluir en ambas direcciones, también el aprendizaje. […] Espero que escuchéis hondo y dejéis que estos relatos os penetren. Estos relatos son para todos los tiempos, para los días de antaño, para ayudar a recordar a los mayores, pero también para el futuro y para los jóvenes de ahora. A cambio de los relatos de nuestros mayores nosotros teníamos que darles la comida que habíamos recolectado, eso teníamos que hacer para aprender; compartir es sobrevivir.

Kathleen Kemarre Wallace (with Judy Lovell),  Listen Deeply, Let These Stories In, Alice Springs: IAD Press, 2009,  pp. 170, 171. Wallace, nació en 1948, es una artista y narradora que pertenece a los Arrente de Australia Central.
Ilustración inspirada en un dibujo realizado sobre una calabaza en Ghana.

“Era el macho y la hembra…”

Máscaras

Él era el macho y la hembra, el seductor y la seducida. Era glotón, era cornudo, era viajero agotado. Arañaba el suelo hacia los costados con sus pies de reptil, después se quedaba inmóvil y erguía la cabeza. Levantaba su párpado inferior para cubrir el iris, y extraía su lengua de lagarto. Hinchaba el cuello hasta formar bocios de cólera; y, finalmente, cuando le llegaba el momento de morir, se contorsionaba y retorcía, atenuándose más y más sus movimientos como los del Cisne Moribundo.

Entonces se le atascó la mandíbula, y ahí terminó.

El hombre de azul agitó las manos en dirección a la colina y, con la cadencia triunfante de quien ha contado la mejor de las historias posibles, gritó: –¡Ahí … ahí es donde está!

El recital no había durado más de tres minutos.

Bruce Chatwin, The Songlines, Londres: Pan Books, 1988, pàg. 117, a partir de la traducción de J. M. de Prada-Samper
Ilustración basada en un amuleto Haida (Gran Garza Azul y Humano), conservado en el Royal British Columbia Museum