En el plano biológico, decir lo que subjetivamente se cree que es verdad difiere de manera profunda de mentir

El desarrollo del lenguaje humano desempeña un papel complejo en este proceso de adaptación. Parece haberse desarrollado a partir de la emisión de señales por parte de los animales sociales; pero propongo la tesis de que lo más característico del lenguaje humano es la posibilidad de narrar historias.

Es posible que esta habilidad tenga también un antecedente en el mundo animal. Pero sugiero que el momento en el que el lenguaje devino humano está estrechamente vinculado al momento en el que un hombre inventó un relato, un mito, para excusar un error que había cometido, quizá al dar una señal de peligro cuando no había motivo para ello; y sugiero que la evolución de un lenguaje específicamente humano, con sus medios característicos para expresar negación –de decir que algo indicado no es verdad– surge en gran medida del descubrimiento de una forma sistemática de negar un informe falso, por ejemplo una falsa alarma, y del descubrimiento, estrechamente vinculado al primero, de relatos falsos –mentiras– usados como excusa o de una forma lúdica.

Si contemplamos desde esta  óptica la relación del lenguaje con la experiencia subjetiva, difícilmente podremos negar que todo informe genuino contiene un elemento de decisión, al menos de la decisión de decir la verdad. Experiencias con detectores de mentiras indican de forma nítida que, en el plano biológico, decir lo que subjetivamente se cree que es verdad difiere de manera profunda de mentir. Tomo esto como indicativo de que la mentira es una invención relativamente tardía y en gran medida humana; a decir verdad, ha hecho del lenguaje humano lo que es: un instrumento que puede utilizarse para informar erróneamente casi tan bien como para informar de forma veraz.

De Karl Popper, «Karl Popper, Replies to my Critics» en The Philosophy of Karl Popper, ed. Paul Arthur Schilpp, La Salle, Illinois, 1974, págs. 1112-1113, citado por George Steiner, A Reader, Nueva York: Oxford University Press, 1984. p. 404.
Ilustración inspirada en una pintura colonial de el Cabo Occidental, Western Cape. Sudáfrica

La enseñanza primordial de un relato

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Al escuchar, siempre podías aprender algo nuevo, y algo que duraría toda la vida. Duncan dice: “Los narradores de los nómadas sabían que estaban contando algo que se recordaría años después de que hubieran desaparecido”, y “esta es la costumbre de los nómadas”; “te daban un relato que nunca olvidarías, para que a ellos no se los olvidara nunca”. Así, la enseñanza primordial de un relato es el respeto a la memoria del narrador cuando ya se ha ido.

Linda Williamson sobre su marido, Duncan Williamson, que pertenecía a la comunidad de los hojalateros nómadas de Escocia, en Linda Williamson, “What Storytelling Means to a Traveller: An Interview with Duncan Williamson, one of Scotland’s Travelling People”, Arv: Scandinavian Yearbook of Folklore, vol. 37, 1981, pág. 75
Ilustración inspirada en un dibujo tradicional de Costa de Marfil

Pasarán la noche entera escuchando el recitado de esta obra

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Hay una traducción cingalesa de la mayor parte de los játakas que es enormemente popular, no por las peculiares doctrinas budistas que contiene, puesto que a éstas sólo se alude de forma secundaria, sino por el hecho de ser una colección de relatos entretenidos que la gente cree que son incuestionablemente ciertos. […]

No pocas de las fábulas atribuidas a Esopo se encuentran aquí, y apenas sospecha el colegial, cuando lee sobre el ingenio del zorro o la astucia del mono, que, con el transcurso de los siglos, estos animales devienen el maestro de los tres mundos, Buda.

Cada játaka comienza con la fórmula yata-giya-dawasa, que es el equivalente exacto de nuestros “Hace mucho tiempo”. […] Un relato, a la manera habitual de las composiciones orientales, ofrece la oportunidad de introducir varias historias más que sólo dependen de forma somera del relato principal. Los cingaleses se pasan la noche entera escuchando el recitado de esta obra sin dar muestras de cansancio, y un gran número de játakas les son familiares incluso a las mujeres.

Robert Spence Hardy, A manual of Buddhism, in its modern development. Londres: Williams &Norgate, 1860, págs. 99-101
Ilustración inspirada en el dibujo de una jarra de Damasco

No un simple mensaje

CIRCULO ZEN

16 de enero, 1969

Se trata de un recital zulú, y después del recital expreso mi opinión sobre el simbolismo de uno de los relatos que he escuchado. El recitador zulú me interrumpe, y me explica que el sentido del relato consiste en la totalidad del recital, no en un simple mensaje. El recital es lo que cuenta. El recitador zulú me explica, “Si tuviera que decirte lo que la historia significa, tendría que volver a contártela”.

Harold Scheub, The poem in the Story: Music, Poetry and Narrative, Madison: The University of Wisconsin Press, 2002, pág. 119
Ilustración: Énso

Amarrando el mito

 

Según la señora Mary Eyley, en el entorno nativo de la zona alta del río Cowlitz los relatos que eran muy largos se contaban en dos o más noches consecutivas. En tiempos pasados, quizá cuando los oyentes estaban marchándose o quedándose dormidos, era costumbre hacer un alto diciendo algo así como “Ahora amarraré mi mito”, dando a entender que el mito era como una canoa, y había que amarrarlo a un leño o árbol de la orilla del río hasta la noche siguiente, cuando se reanudaba el viaje por mito. Entonces, al llegar el momento de las historias, puede que el narrador, dijera: ‘Ahora desamarraré el mito», y el relato proseguía a partir del punto en que se había interrumpido.

Todavía con este símil, si el narrador se desviaba del cauce principal de su relato, o se desviaba hacia un canal secundario de chismorreo o de cualquier otra cosa irrelevante, podía suceder que uno de los oyentes lo amonestara exclamando … ‘Parece que tu mito va a la deriva’. Es también interesante constatar que cada frase, o quizá cada expresión del relato, terminaba con un semi-ritual llamado of ‘i’…!‘, literalmente ‘¡sí!’ por parte del público, de quien, si estaba despierto, se esperaba que respondiera de forma habitual de esta manera un tanto cansina. En estos tiempos modernos de escepticismo y degradación, los mitos encuentran un público que se limita sonreír, y incluso se muestra relativamente indiferente.

Klikitat (sahaptin), in Melville Jacobs Northwest Sahaptin Texts, New York: Columbia University Press, 1934.
Ilustración inspirada en grabados rupestres de una cueva de la isla de Götland.