Los mitos son cefalópodos

La memoria es la mejor biblioteca portátil y la cabeza de un hombre es el mejor medio para transportar la mitología. La utilidad de un libro está en registrar para la posteridad, y en elevar pensamientos bajos hasta los intelectos elevados de quienes han aprendido a leer. Los mitos son cefalópodos.

En mis viajes sin rumbo he llegado a entender a aquellos para los que viajar sin destino fijo es una forma de vida, y me he dado cuenta de cuáles son sus maneras de aprender, enseñar y pensar. […] Sé por experiencia propia que los hombres emigran y viajan; he aprendido que lo han hecho desde el principio de la Historia, antes de que hubiera libros. Sé que los cuentos y tradiciones que los hombres recuerdan, viajan con ellos y se propagan, desde sus bocas y a través de sus oídos, a otras mentes. Sé por experiencia propia cómo viajan los mitos. Viajan con los hombres.

John Francis Campbell, My Circular Notes. Vol. 2. Londres: Macmillan, 1876, págs. 199-202.

Ilustración inspirada en una pintura rupestre del Cabo Oriental, Sudáfrica

No le parezca al lector que esto que es dicho es mucha salvajez

Tenían estas gentes [los taínos] una buena e gentil manera de memorar las cosas passadas e antiguas; y esto era en sus cantares e bayles, que ellos llamaban areyto, que es lo mismo que nosotros llamamos baylar cantando. […] Algunas veçes junto con el canto mezclan una tambor, que es hecho en un madero redondo, hueco, concave, e tan grueso como un hombre […]. E assi, con aquel mal instrumento e sin él, en su cantar (qual es dicho) diçen sus memorias e historias passadas, y en estos cantares relatan de la manera que murieron los caçiques passados, y quántos y quáles fueron, e otras cosas que ellos quieren que no se olviden. […]

Esta manera de bayle paresçe algo a los cantares e danças de los labradores, quando en algunas partes de España en verano con los panderos hombres y mugeres se solazan; y en Flandes he yo visto la mesma formar de cantar, baylando hombres y mugeres en muchos corros. […] Assi […], esta manera de cantar en esta y en las otras islas (y aun en mucha parte de la Tierra-Firme) es una efigie de historia o acuerdo de las cosas passadas, assi de guerras como de paces, porque con la continuaçion de tales cantos no les olviden las haçañas e acaesçimientos que han passado. Y estos cantares les quedan en la memoria, en lugar de libros de su acuerdo; y por esta forma resçitan las genealogías de sus caçiques y reyes o señores que han tenido, y las obras que hiçieron, y los malos o buenos temporales que han passado o tienen; e otras cosas que ellos quieren que a chicos e grandes se comunique e sean muy sabidas e fixamente esculpidas en la memoria. Y para este efecto continúan estos areytos, porque no se olviden, en especial las famosas victorias por batallas.

[…]

No le parezca al letor que esto que es dicho es mucha salvajez, pues que en España e Italia se usa lo mismo, y en las más partes de los christianos (e aun infieles) pienso yo que debe ser así. ¿Qué otra cosa son los romançes e canciones que se fundan sobre verdades, sino parte e acuerdo de las historias passadas? A lo menos entre los que no leen, por los cantares saben que estaba el rey don Alonso en la noble cibdad de Sevilla, y le vino al corazón de ir a çercar Algeçira. Assi lo dice un romance, y en la verdad asi fue ello: que desde Sevilla partió el Rey don Alonso Onçeno, quando la ganó, a veynte e ocho de março, año de mil e tresçientos e quarenta e quatro años. Assi que ha en este de mil e quinientos e quarenta e ocho dosçientos e quatro años que tura este cantar o areyto. Por otro romançe se sabe que el Rey don Alonso VI hizo cortes en Toledo para cumplir de justicia al Çid Ruy Díaz con los condes de Carrión […] Assi andan hoy entre las gentes estas e otras memorias muy más antiguas y modernas, sin que sepan leer lo que las cantan e las resçitan, sin averse passado de la memoria. Pues luego bien haçen los indios en esta parte de tener el mismo aviso, pues les faltan letras, e suplir con sus areytos e sustentar su memoria e fama; pues que por tales cantares saben las cosas que ha muchos siglos que pasaron.

Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés (1478-1557), Historia general y natural de las Indias, Madrid: Imprenta de la Real Academia de la Historia, 1851 [1526], págs. 426-429

Ilustración inspirada en un cerrojo utilizado por los Bámana de Mali

La narración de historias es asunto complicado

[San] Patricio dijo entonces:

–Es este un relato complicado. La hermana de Aillén, hijo de Eogabál, se ha enamorado de Manannán, y la esposa de Manannán se ha enamorado de Aillén.

–¿Que palabra sino «complicado» podría describir un relato así –dijo Benén– dada su trama?

De modo que el antiguo dicho, «la narración de historias es asunto complicado», viene de aquí.

–Manannán dio su propia esposa a Aillén, y Áine sedujo a Manannán –dijo Cailte.

Autor irlandés anónimo, hacia 1200; de A. Dooley y H. Roe (trads.), Tales of the Elders of Ireland: A new Translation of the Acallamna Senórach, Oxford: Oxford University Press, 1999, pág. 111 

Ilustración inspirada en los boles de cerámica de los hausa de Nigeria

Wisahkitchak debe de seguir buscando a ese coyote

Solo un narrador intentó alguna vez explicar por qué todos los relatos [de los cree] empiezan «Wisahkitchak iba caminando». Este narrador explicó que, puesto que estaban creciendo, podía contarle a su público de niños cómo empezaba el relato.

En el principio, Wisahkitchak estaba sentado. Donde estaba sentado, no había nada. No había más que un pedazo de tierra. Wisahkitchak sopló sobre él y el pedazo se hizo más grande. Se preguntó lo grande que debía hacerlo. Este pedazo de tierra era el mundo mismo. Entonces Wisahkitchak hizo un coyote; Wisahkitchak le dijo al coyote que corriera alrededor del borde del mundo y regresara. Regresó, y le dijo a Wisahkitchak lo grande que se había hecho el mundo. Esto sucedió muchas veces.

Wisahkitchak siguió soplando. No tenía bastante. Mientras el coyote estaba ausente, Wisahkitchak hacía más animales, en su mayor parte animales de caza y aves. Entonces mandó partir al coyote la que quizá sería la última vez. Wisahkitchak se cansó de esperar a aquel pequeño coyote. Entonces Wisahkitchak se levantó por primera vez. Se levantó y echó a andar en busca del coyote.

Este es el principio del relato, y el final. El resto de las historias sobre Wisahkitchak son ramificaciones de sus viajes; este relato es la raíz. Nadie ha oído nunca que Wisahkitchak dejara de caminar, por lo que debe de seguir buscando a ese coyote.

Cree de la llanura, Alberta (Canada). Regna Darnell, «Correlates of Cree narrative performance», en R. Bauman y J. Sherzer (eds.), Explorations in the Ethnography of  Speaking, segunda edición, Cambridge: Cambridge University Press, 1996 pág. 465, nota 7

Ilustración: rama de ciruelo floreciendo

Quizá nunca sea posible escuchar el final

A los khanty [de Siberia] les encanta narrar cuentos maravillosos, sobre todo por la noche. En los campamentos del bosque, cuando todos se van a acostar, un anciano sigue contando historias mientras haya alguien que siga despierto. Una de mis amigas me dijo que, de niña, intentaba no quedarse dormida mientras el anciano narraba historias, pero que nunca logró escuchar el final. Quizá nunca sea posible escuchar el final porque lo que normalmente se traduce como «un cuento maravilloso» o «un relato», significa realmente «una senda» o «una senda como destino». Mi buen amigo y maestro Leonti Taragupta me habló una vez de esto.

Natalia I. Novikova, «Self-Government of the Indigenous Minority Peoples of West Siberia: Analysis of Law and Practice», de People and the Land. Pathways to Reform in Post-Soviet Siberia, ed. Erich Kasten, Berlin: Dietrich Reimer Verlag, 2002, pp. 83-97

Ilustración: Énso

No tenían libros ni historias

No tenían libros ni historias; sólo mandaban a la memoria cantares y corridos de hazañas de sus antepasados, y sabían los de aquellas familias. Tenían maestros para esto [llamados faycanes], y maestras [llamadas harimaguadas] para las niñas a enseñarles los cantares.

Sobre los habitantes originarios de Gran Canaria, de la Historia de la conquista de Gran Canaria (1484) de Pedro Gómez Escudero, extractada en A. Tejera Gaspar, Las religiones preeuropeas de las Islas Canarias, Madrid: Ediciones del Orto, 2001, pp. 69-70

Ilustración inspirada en una pintura rupestre de Lesotho

Dónde nos llevan las historias

Las historias nos arrebatan, decimos. Nos sacan de nosotros mismos. Nos hacen olvidar, por un instante, la rutina y lo mundano. Nos gusta pensar que nos llevan a lugares lejanos y exóticos que son «puramente imaginarios».

Actitudes así quizá expliquen por qué entre los kuranko [de Sierra Leona] la narración de historias está prohibida durante el día (de vulnerarse la prohibición uno se arriesga a que haya alguna muerte en la familia), y por qué los relatos pertenecen a la noche (cuando el trabajo ha terminado, y entra uno en el mundo contradictorio de los sueños y la oscuridad).

Sin embargo, incurriríamos en error si interpretáramos lo imaginario como una negación de lo real, pues las experiencias que menospreciamos como «meras» fantasías o sueños son parte integral de nuestras vidas «reales», como la noche lo es del día. Es por este motivo por lo que es importante explorar no solo las formas en que las historias nos llevan más allá de nosotros mismos, sino también cómo transforman nuestra experiencia y nos hacen retornar a nosotros mismos, cambiados.

Michael Jackson, The Politics of Storytelling: Variations on a Theme by Hanna Arendt, Copenhague: Museum Tusculanum Press, University of Copenhagen, 2013, pp. 143-144

Ilustración inspirada en un dibujo textil japonés

En el plano biológico, decir lo que subjetivamente se cree que es verdad difiere de manera profunda de mentir

El desarrollo del lenguaje humano desempeña un papel complejo en este proceso de adaptación. Parece haberse desarrollado a partir de la emisión de señales por parte de los animales sociales; pero propongo la tesis de que lo más característico del lenguaje humano es la posibilidad de narrar historias.

Es posible que esta habilidad tenga también un antecedente en el mundo animal. Pero sugiero que el momento en el que el lenguaje devino humano está estrechamente vinculado al momento en el que un hombre inventó un relato, un mito, para excusar un error que había cometido, quizá al dar una señal de peligro cuando no había motivo para ello; y sugiero que la evolución de un lenguaje específicamente humano, con sus medios característicos para expresar negación –de decir que algo indicado no es verdad– surge en gran medida del descubrimiento de una forma sistemática de negar un informe falso, por ejemplo una falsa alarma, y del descubrimiento, estrechamente vinculado al primero, de relatos falsos –mentiras– usados como excusa o de una forma lúdica.

Si contemplamos desde esta  óptica la relación del lenguaje con la experiencia subjetiva, difícilmente podremos negar que todo informe genuino contiene un elemento de decisión, al menos de la decisión de decir la verdad. Experiencias con detectores de mentiras indican de forma nítida que, en el plano biológico, decir lo que subjetivamente se cree que es verdad difiere de manera profunda de mentir. Tomo esto como indicativo de que la mentira es una invención relativamente tardía y en gran medida humana; a decir verdad, ha hecho del lenguaje humano lo que es: un instrumento que puede utilizarse para informar erróneamente casi tan bien como para informar de forma veraz.

De Karl Popper, «Karl Popper, Replies to my Critics» en The Philosophy of Karl Popper, ed. Paul Arthur Schilpp, La Salle, Illinois, 1974, págs. 1112-1113, citado por George Steiner, A Reader, Nueva York: Oxford University Press, 1984. p. 404.
Ilustración inspirada en una pintura colonial de el Cabo Occidental, Western Cape. Sudáfrica

La enseñanza primordial de un relato

costa de marfil_luna

Al escuchar, siempre podías aprender algo nuevo, y algo que duraría toda la vida. Duncan dice: “Los narradores de los nómadas sabían que estaban contando algo que se recordaría años después de que hubieran desaparecido”, y “esta es la costumbre de los nómadas”; “te daban un relato que nunca olvidarías, para que a ellos no se los olvidara nunca”. Así, la enseñanza primordial de un relato es el respeto a la memoria del narrador cuando ya se ha ido.

Linda Williamson sobre su marido, Duncan Williamson, que pertenecía a la comunidad de los hojalateros nómadas de Escocia, en Linda Williamson, “What Storytelling Means to a Traveller: An Interview with Duncan Williamson, one of Scotland’s Travelling People”, Arv: Scandinavian Yearbook of Folklore, vol. 37, 1981, pág. 75
Ilustración inspirada en un dibujo tradicional de Costa de Marfil

Sabed que yo sé infinitas

La una dellas que hilaba en tanto que las otras gentes del pueblo honraban la fiesta de Baco, dixo:

–Nosotras que somos siervas de Palas, que fue la primera que inventó, y halló, el arte de hilar, pasemos el día en algunas palabras, o consejas de pasatiempo, y digamos algunas graciosas fábulas, porque no sintamos tanto el trabajo.

Las otras dos hermanas dixeron que bien era y mandan a la hermana mayor diga primero; entre muchas consejas que sabía, dio a escoger la mejor a las hermanas, diciendo así:

–Sabed que yo sé infinitas, por tanto mirad la que os agrada más. Si queréis que cuente la de Decertis hija del rey de Babilonia, la cual era tan presuntuosa que quería hacerse tener en más que todos los que la conocían de lo que era razón, queriéndose estremar sobre todas. Por lo cual Júpiter, indignado contra ella, la convirtió en pez.

”O queréis que yo os diga la de Sira, hija destamisma Decertis, la cual, oyendo como la madre era convertida en pez, se quiso de dolor ahorcar. Júpiter tuvo compasión della, y la convirtió en paloma.

”O por ventura queréis que os traiga a la memoria otra de Almone, la cual estaba en un cosario puerto a la costa de la mar burlando y engañando a cuantos por allí pasaban, a los cuales después de gozado de sus personas, y, con astucias y mañas, robándoles sus haciendas (como hoy día otras muchas hacen) con sus encantamientos y yerbas, los convertía en peces; aunque desto llevó su pago, que uno vino allí a donde ella estaba, el cual pareciéndole muy bien le tomó por amigo, y este después supo tanto del arte que supo robar él solo lo que ella había tomado a muchos, y la volvió también en pez como ella había hecho a otros. Mas yo creo que antes holgareis de oír lo del moral, el cual solía llevar las moras blancas, y agora, por la sangre de dos desdichados amantes, que debajo del se mataron, tornaron luego las moras que solían ser blancas coloradas, y después fueron negras.

Las hermanas respondieron que querían que les contase la del moral que no sabían, y luego Alciote la empeçó a contar, diciendo:

–En las partes de Oriente había un gracioso y gentil mancebo que llamaban Píramo, y una muy linda y bien dispuesta doncella llamada Tisbe…

Ovidio, Las metamorfoses, o transformaciones de Ovidio, en quince libros, traducidos del latín en castellano, Madrid: Domingo Morrás, 1664, traducción de Jorge de Bustamente, fols. 66v-67r; corresponde al libro IV, versos 35-55
Ilustración inspirada en un dibujo de tradición andina quechua