Cómo…

ESTANDARTE_HN

…cómo los relatos dan forma y sustancia al mundo y cómo le dan significado y valor; cómo nos acercan al mundo real al distanciarnos de él; cómo unen, y al mismo tiempo separan, a las personas; cómo son a la vez verdaderas y no verdaderas.

J. E. Chamberlin y Levi Namaseb, “Stories and songs across cultures”, Profession, 2001, pág. 25
Ilustración inspirada en un estandarte turco

 

Los clásicos rusos y extranjeros eran los que mejor funcionaban

costa de marfil_mancha

Un número llamativo de prisioneros políticos que escribieron memorias –y esto podría explicar por qué escribieron memorias– atribuyen su supervivencia a su habilidad para “narrar historias”: para entretener a presos comunes relatando los argumentos de novelas o películas. En el mundo de los campos y las prisiones, donde los libros escaseaban y las películas eran raras, un buen narrador era muy valorado.

Lev Finkelstein dice que estará “siempre agradecido al ladrón que, en mi primer día de cárcel, reconoció este potencial en mí y dijo: ‘Tú probablemente has leído muchos libros. Cuéntaselos a la gente y terminarás viviendo muy bien’. Y lo cierto es que vivía mejor que los demás. Gozaba de cierta notoriedad, cierta fama […] Me topaba con gente que decía: “Tú eres Levchik-Romanist [Levchik-el-narrador], me hablaron de ti en Taishet”.

Gracias a esta habilidad, Finkelstein era invitado dos veces al día a la choza del brigada en jefe, donde recibía un tazón de agua caliente. En la cantera en la que entonces trabajaba “esto significaba la vida”. Finkelstein descubrió, según dijo, que los clásicos rusos y extranjeros eran los que mejor funcionaban; tenía un éxito mucho menor recontando los argumentos de novelas soviéticas más recientes.

Anne Appelbaum, Gulag: A History of the Soviet Camps, Londres: Allen Lane, 2003, pág. 352
Ilustración inspirada en un dibujo popular de Costa de Marfil

Pasarán la noche entera escuchando el recitado de esta obra

JARRA_HN

Hay una traducción cingalesa de la mayor parte de los játakas que es enormemente popular, no por las peculiares doctrinas budistas que contiene, puesto que a éstas sólo se alude de forma secundaria, sino por el hecho de ser una colección de relatos entretenidos que la gente cree que son incuestionablemente ciertos. […]

No pocas de las fábulas atribuidas a Esopo se encuentran aquí, y apenas sospecha el colegial, cuando lee sobre el ingenio del zorro o la astucia del mono, que, con el transcurso de los siglos, estos animales devienen el maestro de los tres mundos, Buda.

Cada játaka comienza con la fórmula yata-giya-dawasa, que es el equivalente exacto de nuestros “Hace mucho tiempo”. […] Un relato, a la manera habitual de las composiciones orientales, ofrece la oportunidad de introducir varias historias más que sólo dependen de forma somera del relato principal. Los cingaleses se pasan la noche entera escuchando el recitado de esta obra sin dar muestras de cansancio, y un gran número de játakas les son familiares incluso a las mujeres.

Robert Spence Hardy, A manual of Buddhism, in its modern development. Londres: Williams &Norgate, 1860, págs. 99-101
Ilustración inspirada en el dibujo de una jarra de Damasco

Mantenemos nuestras vidas en orden con los relatos

Kalevala

Estas son todas las cuestiones que debemos conocer. Es muy fácil enfermar, porque están siempre pasando cosas que causan confusión en nuestro intelecto. Es necesario que tengamos maneras de pensar, de mantener las cosas estables, saludables, hermosas. Intentamos tener una larga vida, pero nos pueden pasar muchas cosas. Así que mantenemos en orden nuestros pensamientos mediante estas figuras de cordel y mantenemos nuestras vidas en orden con los relatos. Tenemos que poner nuestras vidas en conexión con las estrellas y el sol, los animales y la naturaleza entera, de lo contrario nos volveremos locos o enfermaremos.

Palabras de un narrador navajo recogidas por Barre Toelken e incluidas en su libro The Dynamics of Folklore, Boston: Houghton Mifflin, 1979, pág. 96
Ilustración inspirada en el logotipo de la Kalevala Society

 

 

Para endulzarles la voz

CILINDRO HOMO NARR.

 

[En la isla de Bali] la forma normal de hacer aflorar el saktí [poder mágico] aletargado es someterse al mawintén, la ceremonia de iniciación de sacerdotes, magos, bailarines y actores, destinada a proporcionarles suerte, belleza, inteligencia, y el encanto personal que les permite tener éxito. A los narradores de historias y cantores de epopeyas (kekawin) se les inscriben con miel sílabas mágicas en la lengua para endulzarles la voz. La ceremonia la ejecuta un sacerdote que, tras limpiar y purificar a la persona mediante una maweda [recitado de mantras acompañado de acciones rituales y gestos significativos], escribe sobre su frente, ojos, dientes, hombros, brazos, etc., signos invisibles con el tallo de una flor mojada en agua bendita.

Miguel Covarrubias, Island of Bali, Nueva York: Alfred A. Knopf, 1937, pág. 340
Ilustración inspirada en un dibujo mesopotámico

Echar sombras a la lumbre

peces

Contar una historia es echar sombras a la lumbre. En ese preciso instante, todo lo que la palabra revela lo consume el silencio. Solo quien reza entregando por completo el alma sabe lo que significa ese arder y esa caída de la palabra en los abismos.

Mia Couto, La confesión de la leona, traducción de Rosa Martínez-Alfaro, Madrid: Alfaguara, 2016, pág. 79
Ilustración basada en una imagen de inspiración budista

Liu Jingting era un narrador magistral

SERPIENTE

 

El cacarañado Liu de Nanjing era de tez oscura y su rostro estaba repleto de cicatrices y granos. No cuidaba su aspecto, que le era indiferente, como si estuviera hecho de arcilla o madera. Era un narrador de historias magistral. Contaba una vez al día. El precio era un tael de plata. Incluso si venías diez días antes para obtener una cita y pagar la entrada, no podías asegurarte de que estaría libre.

[…] Una vez le oí actuar en el estilo sencillo de narración (sin acompañamiento musical) el relato “Wu Song lucha con el tigre en la montaña de Jingyang”. Era muy distinto de la versión transmitida en los libros. Sus descripciones e ilustraciones eran de lo más detalladas, pero también sabía dónde cortar el hilo y hacer una pausa, y nunca se ponía parlanchín. Su voz resonaba como una gran campana. Cuando llegaba a un momento emocionante, vociferaba y bramaba de tal forma que parecía que la casa iba a venirse abajo.

En el momento en que Wu Song llega a la posada y pide vino, no hay nadie en el local. Ante el repentino clamor de Wu Song, las jarras y vasijas vacías emiten un sonido tintineante. De este modo añadía colorido a cada intervalo, y ponía todo su empeño en cuidar los detalles.

Sólo cuando sus huéspedes estaban sentados y totalmente atentos, con las orejas listas para escuchar, empezaba él a contar. Pero si se percataba de que alguien entre los criados susurraba al vecino, o si sus oyentes bostezaban o mostraban otra señal de sopor, se detenía de inmediato y nadie podía forzarlo a empezar de nuevo. Cada noche, limpias ya la mesas y apagadas las lámparas, cuando los sencillos cuencos de té se habían repartido con toda calma, poco a poco, empezaba él a contar…

Zhang Dai, 1597-c. 1684, presenció en 1638 una actuación de Liu Jingting y escribió sobre ella en su obra Tao’anmengyi, “Recuerdos de los sueños pasados de Tao’an”. El pasaje lo citan Vibeke Bordhal y Jette Ross en su libro Chinese Storytellers: Life and Art in Yangzhou Tradition, Boston: Cheng &Tsui Company, 2002, pág. 62
Ilustración inspirada en un motivo asirio

No un simple mensaje

CIRCULO ZEN

16 de enero, 1969

Se trata de un recital zulú, y después del recital expreso mi opinión sobre el simbolismo de uno de los relatos que he escuchado. El recitador zulú me interrumpe, y me explica que el sentido del relato consiste en la totalidad del recital, no en un simple mensaje. El recital es lo que cuenta. El recitador zulú me explica, “Si tuviera que decirte lo que la historia significa, tendría que volver a contártela”.

Harold Scheub, The poem in the Story: Music, Poetry and Narrative, Madison: The University of Wisconsin Press, 2002, pág. 119
Ilustración: Énso