Antes se toma un trago que se cuenta un cuento

FIGURA HN_SERPIENTE

 

Y lo miró; y cuando vio lo bello que era, dijo:

¿Serías tan amable de venir conmigo a casa de mi padre para tomar algo?

Así que el mozo fue y se sentó con ella, y antes de preguntarle nada, ella le sirvió vino y le dijo:

Antes se toma un trago que se cuenta un cuento.

Cuando hubo bebido, el mozo se puso a hablar, y le contó todo lo sucedido, y cómo la había visto en sueños, y cuándo, y ella se alegró mucho.

Yo también te vi en sueños la misma noche –dijo.

J. M. de Prada-Samper (ed.), Cuentos populares de las Tierras Altas escocesas recogidos por John Francis Campbell, Madrid: Siruela: 2009, p. 182 
Ilustración inspirada en un elemento decorativo de la época baja, Egipto Antiguo
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Narradores de alquiler en la vieja Rusia

CILINDRO HOMO NARR.

Ya en fuentes rusas del siglo XII se puede leer que un hombre rico que sufría de insomnio ordenó a sus sirvientes que le hicieran cosquillas en la planta de los pies, tañeran el gusli y le contaran cuentos de encantamiento. Iván el Terrible, que devino uno de los héroes más populares de los cuentos rusos, fue su degustador más ávido, y tres ciegos se turnaban en la cabecera de su cama, narrándole cuentos maravillosos antes de que conciliara el sueño. Hasta el siglo XVIII, diestros narradores de historias siguieron alegrando el asueto de zares y zarinas, príncipes y aristócratas. Incluso a finales de ese siglo encontramos en los periódicos rusos anuncios de ciegos que se ofrecen para trabajar en las casas de la aristocracia como narradores de historias. De niño, Lev Tolstoy se dormía con las narraciones de un anciano que el abuelo del conde había comprado, cierta vez, por los cuentos de encantamiento que sabía y su forma magistral de narrarlos.

Roman Jakobson, “On Russian Fairy Tales”, en A. Afanasiev, Russian Fairy Tales, traducción de Norbert Guterman, Nueva York: Pantheon, 1945, pág. 635

Ilustración inspirada en un dibujo mesopotámico