La verdad, las mentiras y los sueños

inuit

Para ser un individuo, se debe ser también nada. Para conocerse a sí mismo, se debe ser capaz de no conocer nada. Los asómnicos conocen el mundo de manera continua e inmediata, sin instantes vacíos, sin espacio para la individualidad. Al no tener sueños, no cuentan historias y por tanto no tienen necesidad de lenguaje. Sin lenguaje, no hay espacio para la mentira. Tampoco para el futuro. Viven aquí, ahora, en perfecto contacto. Viven en la más pura facticidad. Pero no pueden vivir en la verdad, porque el camino a la verdad, dice el filósofo, discurre a través de las mentiras y los sueños.

Ursula K. LeGuin, La isla despierta, en Planos paralelos, Barcelona, Minotauro, 2005, pág. 173, trad. de Manuel Manzano, revisada por Carme López
Ilustración inspirada en un dibujo Inuit
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Contar un relato

Budista 1

Contar un relato no equivale a tejer un tapiz para cubrir el mundo; es más bien una forma de guiar la atención de los oyentes hacia su interior. La persona capaz de “narrar” es la que está perceptualmente preparada para captar en el entorno información que a otros, menos diestros en la tarea de la percepción, podrían pasarles inadvertidas, y el narrador, al hacer explícito este conocimiento, conduce la atención del público por los mismos caminos que él.

Tim Ingold, “The Temporality of the Landscape”, World Archaeology, vol. 25, 1993, p. 153
Ilustración basada en una imagen de inspiración budista

Originales en un sentido diferente

Tondo peces

El mito es un lenguaje constituido por formas intemporales, no momentáneas. Los temas [del recital improvisado por dos narradores haida para el antropólogo John Swanton] no se urdieron para esa ocasión. Son originales en un sentido diferente. Son relatos con mil o diez mil años de antigüedad a los que se da un uso contemporáneo, relatos que renuevan el mundo presente al repetir lo que sabemos sobre cómo se formó el mundo.

Robert Bringhurst, A Story as Sharp as a Knife: The Classical Haida Mythtellers and Their World, Vancouver: Douglas & McIntyre, 1999: 220
Inspirado en el dibujo de un escudo encontrado en un vaso griego.

No somos como piedras

Bowl hausa Nigeria

Pienso que el interés por la narración forma parte de nuestro modo de ser en el mundo. Responde a la necesidad en que nos hallamos de entender lo que ha ocurrido, lo que han hecho los hombres, lo que pueden hacer: los peligros, las aventuras, las pruebas de toda clase. No somos como piedras, inmóviles, ni como flores o insectos, cuya vida está trazada de antemano. Nosotros somos seres para la aventura. El hombre nunca podrá renunciar a que le narren historias.

Mircea Eliade, La prueba del laberinto: Conversaciones con Claude-Henri Rocquet, traducción de J. Valiente Malla, Madrid: Ediciones Cristiandad, 1980, pág. 159
Ilustración inspirada en los boles de cerámica de los hausa de Nigeria.

Las historias son las casas en que vivimos

Kalevala

Las historias son las casas en que vivimos. Son la comida que servimos en nuestra mesa, consumimos e incorporamos a nuestra sangre. Las historias, sin embargo, no existen plenamente salvo en la presencia física de quienes las narran. Después, de una forma misteriosa, conservan esta corporeidad cuando acuden a los ojos y resuenan en los oídos de nuestro espíritu en ese proceso que llamamos memoria. Los narradores son así los arquitectos y albañiles de nuestros universos. Construyen arcos de piedra invisible que abarcan enormes salones. También construyen los cuartos comunes y corrientes que son nuestro abrigo cotidiano. Sea con estilo exaltado o humilde, los narradores nos sirven el alimento espiritual que nos sustenta, tanto las simples verdades como las más deliciosas mentiras.

¿Quiénes son, pues, los narradores? … [Lo cierto es que] todos somos narradores de historias y oyentes de historias. Estamos obligados a ser ambas cosas, si queremos navegar el mundo en que vivimos, cada porción del cual… es en parte creación nuestra. Salvo que se produzca algún trauma terrible, las facultades complementarias de escuchar y narrar historias nos acompañan de un modo irrenunciable desde muy temprana edad. A lo largo de toda nuestra vida, ambas facultades permanecen en el fondo de nuestra esencia de seres inteligentes, dando forma a nuestros pensamientos, apartándonos del error, y guiándonos cada vez más hacia lo que el futuro pueda depararnos.

John Niles, Homo Narrans: The Poetics and Anthropology of Oral Literature, Philadelphia: University of Pennsylvania Press, 1999: 64-65
Ilustración inspirada  en el logotipo de la Kalevala Society

Narración y sentido

peces

Es cierto que la narración revela el sentido sin caer en el error de definirlo, que facilita el consentimiento y la reconciliación con las cosas tal como realmente son, y que incluso podemos confiar en que tarde o temprano contendrá, implícitamente, la última palabra que esperamos del “día del juicio”.

Hanna Arendt, “Isak Dinesen, 1885-1962”, in Isak Dinesen, Daguerrotypes and Other Essays, Chicago: University of Chicago Press, 1979, p. xx; Arend’s essay on Dinesen was first published in 1968
Ilustración basada en una imagen de inspiración budista.

Sabes, el cuento es como un árbol joven.

Dragoncito

Sabes, el cuento es como un árbol joven. Crece, se desarrolla, lo podas, lo injertas, lo limpias; de él brotarán hojas, ramitas y frutos. Una nueva vida se desarrolla, como sucede con los humanos. ¿Quién sabe qué será? Así es el cuento. En una ocasión comencé a narrar un cuento sobre una muchacha que encontró una caja. La cogió, miró el interior, la abrió. Había un dragón. El dragón la agarró y se la llevó. Lo que pasó después lo estuve contando una semana. Así va el cuento: como nosotros queremos, solo que ha de tener una base; después se le puede añadir cualquier cosa. (Reflexiones del narrador húngaro  Ferenc Czapár, pescador de profesión).

Linda Dégh,  Narratives in Society: A Performer-Centered Study of Narration, Helsinki, Academia Scientarum Fennica, Folklore Fellows Communications no 255. pág. 44. 1995.
Ilustración inspirada en el arte de la cultura Maya.

Lo más fácil es anotar el relato.

Caballo carro

La naturaleza intelectual de un relato se agota en su texto, pero los aspectos funcional, cultural y pragmático de cualquier narración nativa se manifiestan no sólo en el texto, sino también en su recitado, su ejecución y sus relaciones contextuales. Es más fácil anotar un relato que observar de qué formas difusas y complejas penetra en la vida, o que estudiar sus funciones mediante la observación de las inmensas realidades sociales y culturales en las que se inscribe. Y este es el motivo por el que tenemos tantos textos, y sabemos tan poco sobre la verdadera naturaleza del mito.

B. Malinowski, “Myth in Primitive Psychology”, in Bronislaw Malinowski, Malinowski and the Work of Myth, edited by Ivan Strenski, Princeton: Princeton University Press, p. 89.
Ilustración inspirada en grabados rupestres de una cueva de la isla de Götland.