[En Malaita, en las islas Salomón] el canto épico ae ni mae, que dura toda la noche, tiene lugar en banquetes para honrar a los antepasados, y sólo se lleva a cabo en ocasiones especiales. Las bodas son también una ocasión para cantar y contar historias toda la noche. En estas ocasiones, dos hileras de hombres se sientan una frente a otra y cada hombre marca el compás haciendo sonar dos pequeños bastones. A la cabeza de las dos hileras se sienta el narrador, que es quien salmodia los relatos épicos.
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Cuentos para noches inmensas
¡Huésped! Ya que sobre esto me preguntas e interrogas, óyeme en silencio, y recréate, sentado y bebiendo vino. Estas noches son inmensas, hay en ellas tiempo para dormir y tiempo para deleitarse oyendo relatos, y a ti no te cumple irte a la cama antes de la hora, puesto que daña el dormir demasiado.
Odisea, XV, 390 et ss. traducción de Luis Segalá.
Ilustración inspirada en un diseño amerindio de Norte América.
Sabes, el cuento es como un árbol joven.
Sabes, el cuento es como un árbol joven. Crece, se desarrolla, lo podas, lo injertas, lo limpias; de él brotarán hojas, ramitas y frutos. Una nueva vida se desarrolla, como sucede con los humanos. ¿Quién sabe qué será? Así es el cuento. En una ocasión comencé a narrar un cuento sobre una muchacha que encontró una caja. La cogió, miró el interior, la abrió. Había un dragón. El dragón la agarró y se la llevó. Lo que pasó después lo estuve contando una semana. Así va el cuento: como nosotros queremos, solo que ha de tener una base; después se le puede añadir cualquier cosa. (Reflexiones del narrador húngaro Ferenc Czapár, pescador de profesión).


