Cuentos para noches inmensas

 Cactus

¡Huésped! Ya que sobre esto me preguntas e interrogas, óyeme en silencio, y recréate, sentado y bebiendo vino. Estas noches son inmensas, hay en ellas tiempo para dormir y tiempo para deleitarse oyendo relatos, y a ti no te cumple irte a la cama antes de la hora, puesto que daña el dormir demasiado.

Odisea, XV, 390 et ss. traducción de Luis Segalá.
Ilustración inspirada en un diseño amerindio de Norte América.

Sabes, el cuento es como un árbol joven.

Dragoncito

Sabes, el cuento es como un árbol joven. Crece, se desarrolla, lo podas, lo injertas, lo limpias; de él brotarán hojas, ramitas y frutos. Una nueva vida se desarrolla, como sucede con los humanos. ¿Quién sabe qué será? Así es el cuento. En una ocasión comencé a narrar un cuento sobre una muchacha que encontró una caja. La cogió, miró el interior, la abrió. Había un dragón. El dragón la agarró y se la llevó. Lo que pasó después lo estuve contando una semana. Así va el cuento: como nosotros queremos, solo que ha de tener una base; después se le puede añadir cualquier cosa. (Reflexiones del narrador húngaro  Ferenc Czapár, pescador de profesión).

Linda Dégh,  Narratives in Society: A Performer-Centered Study of Narration, Helsinki, Academia Scientarum Fennica, Folklore Fellows Communications no 255. pág. 44. 1995.
Ilustración inspirada en el arte de la cultura Maya.