No fuese que les saliera joroba

Los tillamook contaban mitos sólo en pleno invierno, aproximadamente durante los meses de diciembre y enero. Si los relatos se contaban en cualquier otro momento, se creía que llovería, o que se producirían consecuencias incluso más desagradables.

Los mitos no se representaban de forma dramática durante las danzas de invierno, sino que se contaban en los hogares, alrededor del fuego. Las canciones con la potencia de los espíritus se salmodiaban o cantaban a medida que aparecían en el cuerpo del relato.

Sólo la gente mayor tenía el privilegio de narrar mitos. Los niños y las personas más jóvenes se reclinaban sobre esteras para escuchar. A los niños se les advertía de que no se sentaran al escuchar, no fuese que les saliera joroba. El público no repetía las palabras, a diferencia de lo que sucede entre otros grupos amerindios del noroeste de los Estados Unidos.

Ningún relato se consideraba propiedad del narrador; pero se creía que el mismo relato no debía contarlo un segundo narrador durante la estación. Una ocasión para la repetición de mitos durante la estación, que conllevaba una vulneración legítima de la norma, eran los recitales adicionales con el fin de instruir a los niños para que contaran los relatos palabra por palabra; entonces el niño o niña repetía cada frase después de pronunciarla el narrador, y en sesiones especiales para niños y niñas.

Melville Jacobs, Elizabeth Derr Jacobs and Clara Pearson, Nehalem Tillamook Tales, Corvallis, OR: Oregon State University Press, 1990, pp. vii-viii

Ilustración inspirada en grabados rupestres de una cueva de la isla de Götland.

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