Sabes, el cuento es como un árbol joven.

Dragoncito

Sabes, el cuento es como un árbol joven. Crece, se desarrolla, lo podas, lo injertas, lo limpias; de él brotarán hojas, ramitas y frutos. Una nueva vida se desarrolla, como sucede con los humanos. ¿Quién sabe qué será? Así es el cuento. En una ocasión comencé a narrar un cuento sobre una muchacha que encontró una caja. La cogió, miró el interior, la abrió. Había un dragón. El dragón la agarró y se la llevó. Lo que pasó después lo estuve contando una semana. Así va el cuento: como nosotros queremos, solo que ha de tener una base; después se le puede añadir cualquier cosa. (Reflexiones del narrador húngaro  Ferenc Czapár, pescador de profesión).

Linda Dégh,  Narratives in Society: A Performer-Centered Study of Narration, Helsinki, Academia Scientarum Fennica, Folklore Fellows Communications no 255. pág. 44. 1995.
Ilustración inspirada en el arte de la cultura Maya.

Lo más fácil es anotar el relato.

Caballo carro

La naturaleza intelectual de un relato se agota en su texto, pero los aspectos funcional, cultural y pragmático de cualquier narración nativa se manifiestan no sólo en el texto, sino también en su recitado, su ejecución y sus relaciones contextuales. Es más fácil anotar un relato que observar de qué formas difusas y complejas penetra en la vida, o que estudiar sus funciones mediante la observación de las inmensas realidades sociales y culturales en las que se inscribe. Y este es el motivo por el que tenemos tantos textos, y sabemos tan poco sobre la verdadera naturaleza del mito.

B. Malinowski, “Myth in Primitive Psychology”, in Bronislaw Malinowski, Malinowski and the Work of Myth, edited by Ivan Strenski, Princeton: Princeton University Press, p. 89.
Ilustración inspirada en grabados rupestres de una cueva de la isla de Götland.