En el plano biológico, decir lo que subjetivamente se cree que es verdad difiere de manera profunda de mentir

El desarrollo del lenguaje humano desempeña un papel complejo en este proceso de adaptación. Parece haberse desarrollado a partir de la emisión de señales por parte de los animales sociales; pero propongo la tesis de que lo más característico del lenguaje humano es la posibilidad de narrar historias.

Es posible que esta habilidad tenga también un antecedente en el mundo animal. Pero sugiero que el momento en el que el lenguaje devino humano está estrechamente vinculado al momento en el que un hombre inventó un relato, un mito, para excusar un error que había cometido, quizá al dar una señal de peligro cuando no había motivo para ello; y sugiero que la evolución de un lenguaje específicamente humano, con sus medios característicos para expresar negación –de decir que algo indicado no es verdad– surge en gran medida del descubrimiento de una forma sistemática de negar un informe falso, por ejemplo una falsa alarma, y del descubrimiento, estrechamente vinculado al primero, de relatos falsos –mentiras– usados como excusa o de una forma lúdica.

Si contemplamos desde esta  óptica la relación del lenguaje con la experiencia subjetiva, difícilmente podremos negar que todo informe genuino contiene un elemento de decisión, al menos de la decisión de decir la verdad. Experiencias con detectores de mentiras indican de forma nítida que, en el plano biológico, decir lo que subjetivamente se cree que es verdad difiere de manera profunda de mentir. Tomo esto como indicativo de que la mentira es una invención relativamente tardía y en gran medida humana; a decir verdad, ha hecho del lenguaje humano lo que es: un instrumento que puede utilizarse para informar erróneamente casi tan bien como para informar de forma veraz.

De Karl Popper, «Karl Popper, Replies to my Critics» en The Philosophy of Karl Popper, ed. Paul Arthur Schilpp, La Salle, Illinois, 1974, págs. 1112-1113, citado por George Steiner, A Reader, Nueva York: Oxford University Press, 1984. p. 404.
Ilustración inspirada en una pintura colonial de el Cabo Occidental, Western Cape. Sudáfrica

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