Dónde nos llevan las historias

Las historias nos arrebatan, decimos. Nos sacan de nosotros mismos. Nos hacen olvidar, por un instante, la rutina y lo mundano. Nos gusta pensar que nos llevan a lugares lejanos y exóticos que son «puramente imaginarios».

Actitudes así quizá expliquen por qué entre los kuranko [de Sierra Leona] la narración de historias está prohibida durante el día (de vulnerarse la prohibición uno se arriesga a que haya alguna muerte en la familia), y por qué los relatos pertenecen a la noche (cuando el trabajo ha terminado, y entra uno en el mundo contradictorio de los sueños y la oscuridad).

Sin embargo, incurriríamos en error si interpretáramos lo imaginario como una negación de lo real, pues las experiencias que menospreciamos como «meras» fantasías o sueños son parte integral de nuestras vidas «reales», como la noche lo es del día. Es por este motivo por lo que es importante explorar no solo las formas en que las historias nos llevan más allá de nosotros mismos, sino también cómo transforman nuestra experiencia y nos hacen retornar a nosotros mismos, cambiados.

Michael Jackson, The Politics of Storytelling: Variations on a Theme by Hanna Arendt, Copenhague: Museum Tusculanum Press, University of Copenhagen, 2013, pp. 143-144

Ilustración inspirada en un dibujo textil japonés

La araña es la fuente y origen de todos los relatos

ANANSESEM02_HN

 

Ohinto anansesem nkyere Ntikuma.

Nadie cuenta cuentos a Ntikuma.

Anansesem. Literalmente, “palabras sobre la araña”, pero este es el término utilizado para todo tipo de historias, incluso aquellas en las que no aparece para nada la araña.

Ntikuma. El hijo de la araña. Puesto que la araña [Ananse] es la fuente y origen de todos los relatos, del hijo, Ntikuma, cabría suponer que conoce todos los relatos del mundo, al habérselos escuchado a su padre. El proverbio se utiliza en el sentido de “eso ya me lo sé, cuéntame algo que no sepa”.

Ashanti, África Occidental; R. S. Rattray, Ashanti Proverbs (the primitive ethics of a savage people), Oxford: Clarendon Press, 1916, n.º 183, págs. 75-76

No un simple mensaje

CIRCULO ZEN

16 de enero, 1969

Se trata de un recital zulú, y después del recital expreso mi opinión sobre el simbolismo de uno de los relatos que he escuchado. El recitador zulú me interrumpe, y me explica que el sentido del relato consiste en la totalidad del recital, no en un simple mensaje. El recital es lo que cuenta. El recitador zulú me explica, “Si tuviera que decirte lo que la historia significa, tendría que volver a contártela”.

Harold Scheub, The poem in the Story: Music, Poetry and Narrative, Madison: The University of Wisconsin Press, 2002, pág. 119
Ilustración: Énso

El narrador nunca recitará la secuencia completa del relato

indonesia

La epopeya de los nyanga no es un texto que se recite sólo en determinados momentos o en ocasiones ceremoniales altamente esotéricas. No hay en ella nada secreto; está destinada a que todo el mundo la escuche y la disfrute. Normalmente un jefe o cabecilla, o simplemente – para proporcionar entretenimiento a su gente y a sus huéspedes –, la persona de más edad de un grupo de personas emparentadas, invita al bardo para que recite al anochecer varios episodios de la epopeya, alrededor de la choza de los hombres, en medio del poblado. Una muchedumbre de personas de ambos sexos, jóvenes y de más edad, acuden para escuchar, o más bien para ser oyentes participativos. […] Lo interesante es que el narrador jamás recitará el relato de principio a fin en una secuencia completa y consecutiva, sino que recita de forma intermitente diversos pasajes escogidos del mismo. El señor Ruerke, cuya epopeya se ofrece aquí, ha aseverado una y otra vez que nunca antes había recitado el relato completo en un periodo de días sucesivos.

Daniel Biebuyck y Kahomb C. Mattene, The Mwindo Epic from the Banyanga (Congo Republic), Berkeley and Los Angeles: University of California Press, 1969, pág. 13-14

Ilustración inspirada en instrumento chamánico de Indonesia

Las epopeyas vienen del otro lado de la vida

Huevo Tierra

 

Las canciones de nvet que cantamos [las que están dentro de las epopeyas], las componen las personas. Por ejemplo, si te ocurre algo, malo o bueno, puedes componer una canción hablando de ello. Las epopeyas no se inventan o componen. Las epopeyas vienen del otro lado de la vida [es decir, el mundo de los muertos]. Un mbom nvet, un viejo mbom nvet como yo, somos los únicos que traemos las epopeyas del otro lado de la vida. Y los pequeños trovadores, los trovadorcillos, se aprovechan relatando las epopeyas que otros traemos del otro lado de la vida. Es decir, las cosas que han ocurrido, las que están pendientes de ocurrir y las ocurridas. Pero yo no toco todas mis epopeyas. Voy tocando algo, algo, algo. Porque si os desarrollara una gran epopeya, aquí, antes del amanecer todos los que aquí nos encontramos estaríamos atados [como delincuentes en la cárcel]. Por eso voy tocando las epopeyas buenas y suaves.

De una epopeya nvet de Eyí Moan Ndong, en Ramón Sales Encinas, Eyom Ndong, el buscaproblemas y Mondú Messeng: epopeyas de Eyí Moan Ndong, Barcelona: CEIBA, 2007, pág. 118
Ilustración inspirada en motivos folklóricos tradicionales.

El relato sigue viviendo

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Cualquiera puede compartir la magia del relato

pero nadie debe nunca erigirse en su único dueño

así que, le pase lo que le pase al narrador,

el relato sigue viviendo.

 

Gcina Mhlophe (contracubierta de Stories of Africa, Durban: University of KwaZulu-Natal Press, segunda edición, 2004).
Ilustración inspirada en pinturas rupestres de Lesotho

Un cuento es el viento

Nudo

«Tú sabes que espero a que vuelva el hombre del lugar,* la luna,

para regresar yo a mi hogar,

escuchar los relatos de la gente,

cuando la visite,

escuchar las historias que cuentan.

Ellos escuchan las historias de la gente de la Llanura, sí,

del otro lado del lugar,

esto hacen, las escuchan.

Cuando el  otro hombre del lugar, el sol, calienta un poco

me siento al sol;

sentado, escucho las historias que vienen de lejos,

historias que llegan desde la lejanía.**

Obtendré entonces de ellos una historia, sí,

porque las historias flotan desde la lejanía.

Cuando el otro dueño del lugar calienta un poco,

siento que en verdad debo ir de visita,

para hablar con ellos, mis congéneres. […]

Primero debo sentarme un rato, refrescar mis brazos,

dejar que les pase la fatiga.

Simplemente, escucho,

esperando una historia que deseo escuchar;

espero que flote hasta mi oído.*** […]

Iré a sentarme en mi hogar,

para orientar mis orejas hacia mis pasos

que recorrí, sí,

porque siento que una historia es el viento:

le gusta ir flotando de un lugar a otro.

 

* La expresión |xam es !xoe-sho-!kui, literalmente, «la persona del lugar».  Según Lloyd (p. 298), ||kabbo dijo que “el otro nombre de la luna es !xoe-sho-!kui, el mismo que el otro nombre del sol”. En la misma nota Lloyd explica también que |a!kuŋta tradujo la expresión como «el hombre que conoce todos los lugares». Un poco más adelante en este mismo testimonio, ||kabbo, hablando en tercera persona, alude a sí mismo como !xoe-sho-!kuiten, que es la forma enfática de esta misma expresión. Entonces Lloyd lo traduce como the man of the place, «el hombre del lugar». (Nota de JMdP-S)

** ||kabbo explica que un cuento es “como el viento, viene de un lugar lejano, y lo sentimos”. (Nota de Lucy C. Lloyd)

***||kabbo explica que cuando uno ha recorrido un camino, y se sienta, aguarda a que un relato viaje hasta el, siguiendo la misma senda. (Nota de Lucy C. Lloyd)

 (||kabbo, narrador |xam ; dictado en julio y agosto de 1873 a W. Bleek y L. C. Lloyd; véase una traducción distinta en J. M. de Prada, La niña que creó las estrellas: relatos orales de los bosquimanos |xam , Madrid: Lengua de Trapo, 2011, págs. 5, 6).
Ilustración inspirada en un nudo de diseño tradicional finés.