Prohibido cabecear

Amuleto sumerio

 

«Las canciones de los pápago se transmiten de cantor en cantor con más cuidado que los poemas de Homero. Un hombre sueña sus propias canciones y se las da a su hijo; pero antes de que naciera ya existía un corpus de magia mediante el cual los antepasados gobernaban su mundo. A este conjunto de cantos y relatos lo he llamado a veces la ‘Biblia pápago’. Como buena parte de la literatura no escrita del Sudoeste [de Estados Unidos], es mitad prosa y mitad verso […].

»En toda aldea pápago hay un anciano cuya función hereditaria es recitar esta ‘Biblia’. El momento convenido para su recital son esas cuatro noches de invierno ‘cuando el sol se detiene’ antes de dar la vuelta en ese viaje al sur en el que se diría que quizá podría llevarse su luz para siempre.

»En esas noches –cuatro, porque todo lo sagrado va de cuatro en cuatro– los hombres pápago se reunían en la casa ceremonial […].

»Los hombres se sentaban con las piernas cruzadas, los brazos plegados y la cabeza inclinada. Esta era la postura que el decoro exigía, del mismo modo que nuestros antepasados victorianos exigían sentarse erguido en el banco de la iglesia. Nadie debía interrumpir al orador con una pregunta o siquiera un movimiento. Nadie debía cabecear. Si alguien lo hacía, uno de sus vecinos le metía un cigarrillo ardiendo entre los dedos de los pies, calzados con sandalias. Si el orador lo veía, se paraba abruptamente y por aquella noche ya no había más narración de historias.

»El narrador había trabajado quizá durante años para memorizar toda esa compleja masa de prosa y verso. La prosa la complementaba en ocasiones con ilustraciones y explicaciones de su cosecha, pero el verso no podía cambiarse. La letra y la tonada de cada canción habían sido ‘dadas’ por Hermano Mayor [el creador]; también el punto exacto en que aparecían dentro del relato. Un anciano se ha negado a contarme una historia porque ha olvidado la tonada de una canción, y por eso no puede contarme el relato completo. Sin embargo, se han ido filtrando variaciones, y la ‘Biblia’ cambia de una aldea a otra.

La ‘Biblia’ pápago requeriría de por sí un libro […].»

Ruth Murray Underhill, Singing for Power: The Song Magic of the Papago Indians of Southern Arizona, Berkeley & Los Angeles: University of California Press 1968 [1938], pp. 11-13
Ilustración inspirada en un amuleto sumerio de una rana del 3500 A.C
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Recuperando el relato

HN-cazador

 

He encontrado la clave del sistema que (en los viejos tiempos) regía el matrimonio entre parientes lejanos, una cuestión que el año pasado me tenía desconcertado. Cuando la novia se casa, cierta parte del relato ancestral (smaiusta) de su padre se transmite al marido; por ejemplo, el derecho a tallar o pintar un cuervo en una caja para guardar comida. A menos que se vuelva a adquirir, el relato permanece en la familia del marido, pero a medida que el smaiusta se va transmitiendo, permanece el recuerdo de que parte de él está en otra familia y un hijo, nieto u otro descendiente del padre de la esposa intentará recuperarlo desposando a una mujer de la otra familia. Como lo expresan los bella coola, un hombre siempre ‘caza’ cuando contrae matrimonio, con el objeto de recuperar fragmentos de sus smaiustas.

 
De una carta del antropólogo canadiense  T. F. McIlwraith a Edward Sapir, 26 diciembre 1923 en At Home with the Bella Coola Indians: T. F. McIlwraith’s Field Letters, edited by John Barker and Douglas Cole, Vancouver: UBC Press, 2003 pp. 113-114
Ilustración inspirada en una pintura rupestre bossquimana del Cederberg, Sudáfrica

Lo más perdurable

maripojapo

 

Is buaine port ná glór na-éan,

Is buaine focal ná toice an tsaoil.

Una tonada es más perdurable que el canto de los pájaros,

un cuento es más perdurable que toda la riqueza del mundo.

(Proverbio irlandés)

Irish proverb, in Robin Gwyndaf, “A Welsh Lake Legends and the Famous Physicians of Myddfai”, Bealoideas, vol. 60-61, 1992-1993, p. 245

Ilustración inspirada en un dibujo japonés

Originales en un sentido diferente

Tondo peces

El mito es un lenguaje constituido por formas intemporales, no momentáneas. Los temas [del recital improvisado por dos narradores haida para el antropólogo John Swanton] no se urdieron para esa ocasión. Son originales en un sentido diferente. Son relatos con mil o diez mil años de antigüedad a los que se da un uso contemporáneo, relatos que renuevan el mundo presente al repetir lo que sabemos sobre cómo se formó el mundo.

Robert Bringhurst, A Story as Sharp as a Knife: The Classical Haida Mythtellers and Their World, Vancouver: Douglas & McIntyre, 1999: 220
Inspirado en el dibujo de un escudo encontrado en un vaso griego.

Nuestras narraciones no siempre cuentan cosas bonitas

MOCHE FISH_HN

Nuestras narraciones son historias sobre la experiencia humana y, por tanto, no siempre cuentan cosas bonitas. Pero no podemos embellecer un relato para complacer al oyente y, al mismo tiempo, ceñirnos a la verdad. La lengua debe ser el eco de lo que estamos obligados a contar, y no puede adaptarse a los humores y gustos del hombre. La palabra del recién nacido no es digna de confianza, pero las experiencias de los antiguos son portadoras de verdades. Por tanto, cuando narramos nuestros mitos, no hablamos por nosotros mismos; es la sabiduría de los padres la que habla a través de nosotros.

Osarqaq, Greenland Inuit storyteller, early 20th century. Knud Rasmussen, Greenland by the Polar Sea: The Story of the Thule Expedition from Melville Bay to Cape Morris Jesup, New York: Frederick A. Stokes [1921], pág. 27
Ilustración inspirada por un dibujo de la cultura Mochica, Perú.

No somos como piedras

Bowl hausa Nigeria

Pienso que el interés por la narración forma parte de nuestro modo de ser en el mundo. Responde a la necesidad en que nos hallamos de entender lo que ha ocurrido, lo que han hecho los hombres, lo que pueden hacer: los peligros, las aventuras, las pruebas de toda clase. No somos como piedras, inmóviles, ni como flores o insectos, cuya vida está trazada de antemano. Nosotros somos seres para la aventura. El hombre nunca podrá renunciar a que le narren historias.

Mircea Eliade, La prueba del laberinto: Conversaciones con Claude-Henri Rocquet, traducción de J. Valiente Malla, Madrid: Ediciones Cristiandad, 1980, pág. 159
Ilustración inspirada en los boles de cerámica de los hausa de Nigeria.

Las historias son las casas en que vivimos

Kalevala

Las historias son las casas en que vivimos. Son la comida que servimos en nuestra mesa, consumimos e incorporamos a nuestra sangre. Las historias, sin embargo, no existen plenamente salvo en la presencia física de quienes las narran. Después, de una forma misteriosa, conservan esta corporeidad cuando acuden a los ojos y resuenan en los oídos de nuestro espíritu en ese proceso que llamamos memoria. Los narradores son así los arquitectos y albañiles de nuestros universos. Construyen arcos de piedra invisible que abarcan enormes salones. También construyen los cuartos comunes y corrientes que son nuestro abrigo cotidiano. Sea con estilo exaltado o humilde, los narradores nos sirven el alimento espiritual que nos sustenta, tanto las simples verdades como las más deliciosas mentiras.

¿Quiénes son, pues, los narradores? … [Lo cierto es que] todos somos narradores de historias y oyentes de historias. Estamos obligados a ser ambas cosas, si queremos navegar el mundo en que vivimos, cada porción del cual… es en parte creación nuestra. Salvo que se produzca algún trauma terrible, las facultades complementarias de escuchar y narrar historias nos acompañan de un modo irrenunciable desde muy temprana edad. A lo largo de toda nuestra vida, ambas facultades permanecen en el fondo de nuestra esencia de seres inteligentes, dando forma a nuestros pensamientos, apartándonos del error, y guiándonos cada vez más hacia lo que el futuro pueda depararnos.

John Niles, Homo Narrans: The Poetics and Anthropology of Oral Literature, Philadelphia: University of Pennsylvania Press, 1999: 64-65
Ilustración inspirada  en el logotipo de la Kalevala Society

Akangkwirreme, escucha hondo

serpientecalabaza

Lo más sólido que puedo a decirles a nuestros niñas y niñas de ahora es: no olvidéis nuestra cultura. Es importante, escuchad a los mayores, no os limitéis a darles la espalda. Escuchad con respeto lo que digan, y seguid adelante.

Para instruir a los niños tenemos que contarles relatos, llevarlos al páramo, movernos con ellos por allí. Salir a cazar, buscar lo que queremos encontrar, hablarles de lo que estamos buscando. Es supervivencia. […] Piensa hondo, cuéntales historias, háblales de lo que haces, así es como mejor aprenden nuestros niños, haciendo cosas. Es también una forma de enseñar a la gente de fuera nuestra cultura: mostrarles nuestro país.

A todos los demás niños, la demás gente, les diría: venid, escuchadnos, os contaremos nuestra cultura. Aprended de nosotros. De esta forma todos sobreviviremos. […]

Debemos hacer cosas juntos: respetar, escuchar y pensar, hacer cosas juntos, no sólo hablar todo el rato. Párate a pensar alguna vez, simplemente dejar que haya silencio. Debes aprender a esperar, a dejar que tus pensamientos vuelvan a ti. Entiende también cómo puede sentirse la otra persona, aprecia que quizá no sepas la respuesta, o entiendas la pregunta. Eso es lo que significa trabajar entre culturas. El respeto tiene que fluir en ambas direcciones, también el aprendizaje. […] Espero que escuchéis hondo y dejéis que estos relatos os penetren. Estos relatos son para todos los tiempos, para los días de antaño, para ayudar a recordar a los mayores, pero también para el futuro y para los jóvenes de ahora. A cambio de los relatos de nuestros mayores nosotros teníamos que darles la comida que habíamos recolectado, eso teníamos que hacer para aprender; compartir es sobrevivir.

Kathleen Kemarre Wallace (with Judy Lovell),  Listen Deeply, Let These Stories In, Alice Springs: IAD Press, 2009,  pp. 170, 171. Wallace, nació en 1948, es una artista y narradora que pertenece a los Arrente de Australia Central.
Ilustración inspirada en un dibujo realizado sobre una calabaza en Ghana.

Desecha los cuentos de viejas

MUJER KIMBERLEY ABORIG-RED

«Si enseñas esto a los hermanos, serás buen ministro de Cristo Jesús, nutrido en las palabras de la fe y de la buena doctrina que has alcanzado. Cuanto a las fábulas impías y los cuentos de viejas, deséchalos» (I Timoteo, 4: 6-7).

Así la traducción de Nácar y Colunga. La traducción, más literal, de Bover y Cantera dice:

«Si estas cosas sugieres a los hermanos serás excelente ministro de Cristo Jesús, nutriéndote con la palabra de la fe y de la buena doctrina que has seguido. En cambio, esas fábulas profanas y propias de viejas, evítalas»

Ilustración inspirada en una pintura rupestre de Kimberley, Australia.