Contar un relato

Budista 1

Contar un relato no equivale a tejer un tapiz para cubrir el mundo; es más bien una forma de guiar la atención de los oyentes hacia su interior. La persona capaz de «narrar» es la que está perceptualmente preparada para captar en el entorno información que a otros, menos diestros en la tarea de la percepción, podrían pasarles inadvertidas, y el narrador, al hacer explícito este conocimiento, conduce la atención del público por los mismos caminos que él.

Tim Ingold, “The Temporality of the Landscape”, World Archaeology, vol. 25, 1993, p. 153
Ilustración basada en una imagen de inspiración budista

Formula de cierre española

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Y para celebrarla, comieron perdices y a mí me dieron con el plato en las narices. Y yo, al ver eso, me unté los zapatos con grasa y me vine corriendo para casa.

Juan José Orga Díaz, maestro calzador de Frama, Potes, Santander; Aurelio M. Espinosa hijo, Cuentos populares de Castilla y León, vol. 2, Madrid: CSIC, 1988, pág. 199.
Ilustración inspirada en una crátera griega clásica. 

Contar sólo parte del relato

Haida

 

Muy a menudo [en la Australia aborigen], se contaban fragmentos [de los relatos] referidos a lugares o personajes, sin desarrollar las acciones o seguir hasta el final la trama argumental. A un niño que viajaba por el territorio de un pariente cercano (madre, padre, abuelo, por ejemplo) se le decía el nombre de un lugar especial y de la presencia-espíritu que lo habitaba, o una esposa podía recibir esa información la primera vez que visitaba el territorio de su marido. Estos segmentos probablemente se ampliaban más tarde, dando lugar a relatos más completos. Eran una parte vital del conjunto del proceso de enseñar, aprender y conocer los relatos míticos y su contexto en una región dada.

 

Roland M. Berndt y Catherine Berndt, The Speaking Land: Myth and Story in Aboriginal Australia, Victoria: Penguin Books, 1989 pág. 9
Ilustración inspirada en diseños del pueblo Haida

Las epopeyas vienen del otro lado de la vida

Huevo Tierra

 

Las canciones de nvet que cantamos [las que están dentro de las epopeyas], las componen las personas. Por ejemplo, si te ocurre algo, malo o bueno, puedes componer una canción hablando de ello. Las epopeyas no se inventan o componen. Las epopeyas vienen del otro lado de la vida [es decir, el mundo de los muertos]. Un mbom nvet, un viejo mbom nvet como yo, somos los únicos que traemos las epopeyas del otro lado de la vida. Y los pequeños trovadores, los trovadorcillos, se aprovechan relatando las epopeyas que otros traemos del otro lado de la vida. Es decir, las cosas que han ocurrido, las que están pendientes de ocurrir y las ocurridas. Pero yo no toco todas mis epopeyas. Voy tocando algo, algo, algo. Porque si os desarrollara una gran epopeya, aquí, antes del amanecer todos los que aquí nos encontramos estaríamos atados [como delincuentes en la cárcel]. Por eso voy tocando las epopeyas buenas y suaves.

De una epopeya nvet de Eyí Moan Ndong, en Ramón Sales Encinas, Eyom Ndong, el buscaproblemas y Mondú Messeng: epopeyas de Eyí Moan Ndong, Barcelona: CEIBA, 2007, pág. 118
Ilustración inspirada en motivos folklóricos tradicionales.

Dios ha sembrado en mi corazón el don del canto

Navajo

Cuando le pregunté al cantor [de historias] con más éxito de los que llegué a conocer si podía recitar tal o cual cantar, me respondió: «Puedo recitar cualquier cantar porque Dios ha sembrado en mi corazón el don del canto. Él pone la palabra en mi lengua sin que tenga que buscarla. No he aprendido ninguno de mis cantares; todo mana de mis entrañas, de mí mismo.

 

Wilhelm Radloff en “Samples of Folk Literature from the North Turkic Tribes” traducido por Gudrum Böchter Sherman con Adam Brooke Davis, Oral Literature, 5: 84; esta es la parte de Radloff’s book Aus Sibirien, publicada en Leipzig, 1854
Ilustración inspirada en un diseño del pueblo Navajo

 

 

El relato sigue viviendo

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Cualquiera puede compartir la magia del relato

pero nadie debe nunca erigirse en su único dueño

así que, le pase lo que le pase al narrador,

el relato sigue viviendo.

 

Gcina Mhlophe (contracubierta de Stories of Africa, Durban: University of KwaZulu-Natal Press, segunda edición, 2004).
Ilustración inspirada en pinturas rupestres de Lesotho

Son unos sinvergüenzas

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«[En los cementerios] se debe impedir que entre las tumbas se instalen los que cuentan cuentos o dicen la buenaventura.»

«Debe impedirse que los que dicen la buenaventura o cuentan cuentos se queden solos con mujeres para hablarles en las tiendas que levantan [para ejercer su oficio], pues es un medio de violentarlas o un ardid para robarles, si bien las que acuden a ellos no son más que desvergonzadas. … Vigílese continuamente a estos individuos, que son unos sinvergüenzas»

Ibn ’Abdûn, traducción de Emilio García Gómez y E. Levi-Provençal, Sevilla a comienzos del siglo XII, Sevilla: Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos, 1998, págs. 97-98
Ilustración inspirada en un tótem Haida de la costa noroeste de Norteamérica

Recuperando el relato

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He encontrado la clave del sistema que (en los viejos tiempos) regía el matrimonio entre parientes lejanos, una cuestión que el año pasado me tenía desconcertado. Cuando la novia se casa, cierta parte del relato ancestral (smaiusta) de su padre se transmite al marido; por ejemplo, el derecho a tallar o pintar un cuervo en una caja para guardar comida. A menos que se vuelva a adquirir, el relato permanece en la familia del marido, pero a medida que el smaiusta se va transmitiendo, permanece el recuerdo de que parte de él está en otra familia y un hijo, nieto u otro descendiente del padre de la esposa intentará recuperarlo desposando a una mujer de la otra familia. Como lo expresan los bella coola, un hombre siempre ‘caza’ cuando contrae matrimonio, con el objeto de recuperar fragmentos de sus smaiustas.

 
De una carta del antropólogo canadiense  T. F. McIlwraith a Edward Sapir, 26 diciembre 1923 en At Home with the Bella Coola Indians: T. F. McIlwraith’s Field Letters, edited by John Barker and Douglas Cole, Vancouver: UBC Press, 2003 pp. 113-114
Ilustración inspirada en una pintura rupestre bossquimana del Cederberg, Sudáfrica

Lo más perdurable

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Is buaine port ná glór na-éan,

Is buaine focal ná toice an tsaoil.

Una tonada es más perdurable que el canto de los pájaros,

un cuento es más perdurable que toda la riqueza del mundo.

(Proverbio irlandés)

Irish proverb, in Robin Gwyndaf, “A Welsh Lake Legends and the Famous Physicians of Myddfai”, Bealoideas, vol. 60-61, 1992-1993, p. 245

Ilustración inspirada en un dibujo japonés

No cuentes nunca un solo cuento

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No cuentes nunca un sólo cuento. Añade siempre un segundo. De ese modo, el otro se tendrá en pie.

Tom Lowenstein, Ancient Land: Sacred Whale: The Inuit Hunt and Its Rituals, London: The Harvill Press, p. xii
Ilustración inspirada en un textil contemporáneo sudafricano