El mundo de los relatos no tiene fin

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Los recitales narrativos variaban también en otra dimensión, la de la explicitud y extensión. Un narrador admirado podía desgranar un relato de la extensión que quisiera a base de añadir detalles, pero también podía plasmar la esencia del relato de forma breve. Quienes ya conocían los relatos podrían evocarlos mediante los detalles proporcionados. La presuposición de que una parte representa apropiadamente al todo sigue viva, y quienes te atribuyen un conocimiento de los relatos a veces muestran sorpresa cuando preguntas por un detalle que no se ha dado. […] Un relato termina, como relato y como evento, pero el corpus narrativo y el mundo de los relatos no tiene fin.

Dell Hymes, “Discovering Oral Performance and Measured Verse in American Indian Narrative.” In “In vain I tried to tell you”: Essays in Native American Ethnopoetics, Philadelphia: University of Pennsylvania Press, 1981, p. 322
Ilustración inspirada por la decoración de huevos de avestruz de los pueblos bosquimanos. 

 

El que da mucho tributo en palabras

 

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[S]hé-mutúro wábinwa / el que da mucho tributo en palabras: no es una expresión de alabanza, ni una crítica a quien habla demasiado, sino que se refiere a quien da tributo en palabras, que ayuda mediante su destreza como juez y orador.

Daniel Biebuyck and Kahomb C. Mattene, The Mwindo Epic from the Banyanga (Congo Republic), Berkeley and Los Angeles: University of California Press, 1969, p. 80 note 143  
Ilustración inspirada en un kamon, símbolo usado por los samuráis

No es una figura retórica

ancestro

 

«Si, entonces, los griots, todavía activos en pueblos y aldeas del Sudán, siguen transmitiendo toda la cultura de la tradición popular africana y haciendo de las masas ‘analfabetas’ gente perfectamente civilizada y cultivada, consciente de sí misma y respetuosa de los demás, temernos lo que sucederá cuando sus voces dejen de oírse, pues sus hijos y [nietos] asisten hoy día a la escuela europea y la tradición familiar ya no se transmite.

»Por lo que a la consiguiente pérdida para África y para el mundo se refiere, sólo podemos calibrar su importancia si somos conscientes de la importancia de este patrimonio. Para demasiados extranjeros y africanos modernos e ignorantes, no se trata más que de un puñado de cuentos sin importancia. […] Sin embargo, si examinamos con más detenimiento ciertas zonas de África, encontramos una literatura mucho más diversa, que incluye distintas categorías [y no sólo «cuentos»]: epopeyas, mitos cosmogónicos, aventuras, comedias populares, poesía amorosa, poesía oratoria (fúnebre, bélica, matrimonial, de alabanza), drama ritual y canciones religiosas, por no hablar, por supuesto, de máximas, cuentos y fábulas, acertijos y proverbios. Todo esto constituye un conjunto tan inmenso en calidad e importancia como la literatura medieval de nuestra douce France. […]

»Debería pedirse a toda persona de cultura francesa que se parase a pensar por un instante en el vacío que se crearía, y en el manantial vivo que se secaría si, por alguna desgracia, este patrimonio ancestral se perdiera, y con él la fe, la historia, la poesía, la grandeza, la sabiduría y la experiencia. Sólo tras una reflexión así puede uno preguntarse si en nombre del desarrollo económico y de una educación al estilo europeo hay derecho a negar al africano de hoy día los cimientos de su cultural básica original.

»Theodor Monod dijo en 1934, no sin humor, «el africano no bajó ayer de los árboles». Hampaté Bâ nos advierte hoy: «con la muerte de cada anciano, arde una biblioteca», y no es una figura retórica!»

[Que yo sepa, esta es, en su contexto, la primera ocasión en que la muy repetida frase de Amadou Hampaté Bâ apareció impresa, sin duda en la edición francesa de la revista Presence Áfricaine, que aparecía simultáneamente en versión inglesa. El breve artículo de Kesteloot trata de las epopeyas del África Occidental. –Ed.]

 

Lylian Kesteloot, “The West African Epics”, Présence Africaine, vol. 30, 1966, pp. 201-202
Ilustración inspirada por una escultura que representa un ancestro de Indonesia

El narrador nunca recitará la secuencia completa del relato

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La epopeya de los nyanga no es un texto que se recite sólo en determinados momentos o en ocasiones ceremoniales altamente esotéricas. No hay en ella nada secreto; está destinada a que todo el mundo la escuche y la disfrute. Normalmente un jefe o cabecilla, o simplemente – para proporcionar entretenimiento a su gente y a sus huéspedes –, la persona de más edad de un grupo de personas emparentadas, invita al bardo para que recite al anochecer varios episodios de la epopeya, alrededor de la choza de los hombres, en medio del poblado. Una muchedumbre de personas de ambos sexos, jóvenes y de más edad, acuden para escuchar, o más bien para ser oyentes participativos. […] Lo interesante es que el narrador jamás recitará el relato de principio a fin en una secuencia completa y consecutiva, sino que recita de forma intermitente diversos pasajes escogidos del mismo. El señor Ruerke, cuya epopeya se ofrece aquí, ha aseverado una y otra vez que nunca antes había recitado el relato completo en un periodo de días sucesivos.

Daniel Biebuyck y Kahomb C. Mattene, The Mwindo Epic from the Banyanga (Congo Republic), Berkeley and Los Angeles: University of California Press, 1969, pág. 13-14

Ilustración inspirada en instrumento chamánico de Indonesia

Dos formas de hacerse narrador en Irán

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[En Irán], los pasos para convertirse en narrador varían de una persona a otra. […] Lo más común es que el narrador aprenda su arte de un maestro de la narración. Como alumno (shagerd), toma clases de un maestro (ostad) al que paga por las clases y por proporcionarle los materiales. El propio maestro es un narrador en ejercicio. El alumno trabaja en solitario con su maestro. La formación hace hincapié en aprenderse el material de corrido. Al alumno se le enseña la obra literaria Shanama [“El libro de los reyes” de Firdusi, 940-1020 d. C.], estrofa a estrofa. […] Además del trabajo literario, el alumno debe copiar y aprenderse el tumar, que recibe de su maestro. Este tumar es un esquema en prosa de los episodios que componen los relatos que contará. El alumno también aprende filosofía y religión, además de poesía de otros autores distintos de Firdusi. El periodo de formación varía de persona en persona. […]

Un narrador puede entrar en la profesión por su cuenta, sin haber pasado por una formación más rigurosa. Quizá, simplemente, atraído por el arte de narrar historias, vaya a escuchar a varios narradores, aprenda a narrar a fuerza de escucharlos, se busque la parte literaria y la memorice, y empiece luego a ejercer su nuevo oficio.

Professional storytelling in Iran: Transmission and practice”, Iranian Studies, vol. 12, 1979, pp. 198-199
Ilustración inspirada en pinturas rupestres de Lesotho

Si excede el tiempo asignado, el público puede irse

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El recital [de un narrador profesional iraní] dura aproximadamente una hora y media. […] El relato se narra por entregas, y se cuenta un segmento nuevo cada sesión. […] El narrador controla el tiempo con mucho cuidado. Si excede el tiempo asignado, el público podría marcharse antes de que haya terminado. Cuando el tiempo asignado acaba, el narrador concluye su relato y bendice a quienes le dan dinero.

Mary Ellen Page, “Professional storytelling in Iran: Transmission and practice”, Iranian Studies, vol. 12, 1979, pp. 197-198
Ilustración inspirada en la cerámica de la cultura Mimbres, Nuevo México

Los narradores profesionales iraníes

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«En las principales ciudades iraníes aún es posible encontrar al narrador profesional (naqqal) que actúa a diario ante un público de hasta cien o doscientos hombres. Si bien este arte se ha practicado en Irán durante siglos, está desapareciendo rápidamente. […]

»Todo narrador está vinculado a un café al que un público masculino acude diariamente en momentos concretos para verlo actuar. Un narrador puede actuar en dos cafés en un día o dos narradores pueden actuar a distintas horas en el mismo café. […] La clientela se compone sobre todo de habituales que acuden cada día a escuchar el relato. Los hombres desarrollan vínculos con el narrador, el café y la hora del día. Un miembro del público puede declarar que el narrador es tan bueno que va a escucharlo, pero lo más probable es que el público no vaya a otro café para escuchar al mismo narrador. El oyente también es dado a marcharse una vez «su» narrador ha terminado, sin esperar a escuchar a otro que quizá actúe más tarde. Durante el recital, sin embargo, se espera que todos los presentes estén atentos. Si un narrador es bueno, el público estará interesado de verdad. El narrador no tendrá el menor reparo en llamar la atención sobre los malos modales de quienes hablen durante el recital. Así pues, cierto grado del éxito de un narrador puede apreciarse en su capacidad para cautivar a un público fiel y en su capacidad de sumar al público a otras personas atraídas por el recital.»

Mary Ellen Page, “Professional storytelling in Iran: Transmission and practice”, Iranian Studies, vol. 12, 1979, pp. 196-197
Ilustración inspirada en la cerámica de la cultura Mimbres, Nuevo México

Los cuentos actúan sobre ti como flechas

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Pienso en la montaña llamada «Rocas blancas se extienden apiñadas» como si fuera mi abuela materna. Recuerdo historias de lo que en otros tiempos sucedió en esa montaña. Las historias que me contaron eran como flechas. Cuando estoy en otro sitio y oigo el nombre de la montaña, la veo. Su nombre es como una imagen. Los cuentos actúan sobre ti como flechas. Los cuentos te hacen vivir como es debido. Los cuentos hacen que te renueves.

(Benson Lewis, 64 años, apache de Cibecue, 1979)

Wisdom Sits in Places: Landscape and Language Among the Western Apache, Albuquerque: University of New Mexico Press, p. 38

Dibujo de Anansi, la araña del pueblo Ashanti

La sabiduría se asienta en los lugares

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La sabiduría se asienta en los lugares. Es como agua que nunca se seca. ¿Verdad que para seguir vivo necesitas agua? Bueno, pues también necesitas beber de los lugares. Debes recordarlo todo sobre ellos. Debes aprender su nombre. Debes saber lo que hace mucho tiempo sucedió en ellos. Debes pensar sobre ello y no dejar de hacerlo. Entonces tu intelecto se volverá más y más ágil. Entonces verás el peligro antes de que suceda. Recorrerás un largo camino y vivirás largo tiempo. Serás sabio. La gente te respetará.

Dudley Patterson, notable apache de Cibecue

Dudley Patterson, Cibecue Apache elder; Wisdom Sits in Places: Landscape and Language Among the Western Apache, Albuquerque: University of New Mexico Press, p. 127
Ilustración inspirada en un dibujo del pueblo huichol de México

Prohibido cabecear

Amuleto sumerio

 

«Las canciones de los pápago se transmiten de cantor en cantor con más cuidado que los poemas de Homero. Un hombre sueña sus propias canciones y se las da a su hijo; pero antes de que naciera ya existía un corpus de magia mediante el cual los antepasados gobernaban su mundo. A este conjunto de cantos y relatos lo he llamado a veces la ‘Biblia pápago’. Como buena parte de la literatura no escrita del Sudoeste [de Estados Unidos], es mitad prosa y mitad verso […].

»En toda aldea pápago hay un anciano cuya función hereditaria es recitar esta ‘Biblia’. El momento convenido para su recital son esas cuatro noches de invierno ‘cuando el sol se detiene’ antes de dar la vuelta en ese viaje al sur en el que se diría que quizá podría llevarse su luz para siempre.

»En esas noches –cuatro, porque todo lo sagrado va de cuatro en cuatro– los hombres pápago se reunían en la casa ceremonial […].

»Los hombres se sentaban con las piernas cruzadas, los brazos plegados y la cabeza inclinada. Esta era la postura que el decoro exigía, del mismo modo que nuestros antepasados victorianos exigían sentarse erguido en el banco de la iglesia. Nadie debía interrumpir al orador con una pregunta o siquiera un movimiento. Nadie debía cabecear. Si alguien lo hacía, uno de sus vecinos le metía un cigarrillo ardiendo entre los dedos de los pies, calzados con sandalias. Si el orador lo veía, se paraba abruptamente y por aquella noche ya no había más narración de historias.

»El narrador había trabajado quizá durante años para memorizar toda esa compleja masa de prosa y verso. La prosa la complementaba en ocasiones con ilustraciones y explicaciones de su cosecha, pero el verso no podía cambiarse. La letra y la tonada de cada canción habían sido ‘dadas’ por Hermano Mayor [el creador]; también el punto exacto en que aparecían dentro del relato. Un anciano se ha negado a contarme una historia porque ha olvidado la tonada de una canción, y por eso no puede contarme el relato completo. Sin embargo, se han ido filtrando variaciones, y la ‘Biblia’ cambia de una aldea a otra.

La ‘Biblia’ pápago requeriría de por sí un libro […].»

Ruth Murray Underhill, Singing for Power: The Song Magic of the Papago Indians of Southern Arizona, Berkeley & Los Angeles: University of California Press 1968 [1938], pp. 11-13
Ilustración inspirada en un amuleto sumerio de una rana del 3500 A.C