
Contar historias
Guiar al oyente al interior del mundo

Contar un relato no equivale a tejer un tapiz para cubrir el mundo, es más bien una forma de atraer la atención de los oyentes a su interior. Quien puede ‘contar’ es aquel que tiene la sensibilidad perceptual de captar en el ambiente información que a otros, menos duchos en las tareas de la percepción, se les pudiera escapar, y el narrador, al plasmar su conocimiento de forma explícita, guía la atención del público por los mismos caminos que la suya.
Tim Ingold, “The Temporality of the Landscape”, World Archaeology, vol. 25, 1993, p. 153
Ilustración basada en una imagen de inspiración budista
Hacer que el material conocido sea relevante para el público

El narrador no recrea el trabajo de otros, sino que más bien crea, en el proceso de narrar el relato, su propia versión interpretativa. Mediante el uso de recursos como la analogía, el narrador inculca al material ya conocido un sentido relevante para el público e imprime en él su sello personal.
Mary Ellen Page, “Professional storytelling in Iran: Transmission and practice”, Iranian Studies, vol. 12, 1979, pag. 212
Gatopez. Ilustración inspirada en la cerámica de la cultura de Mimbres, Nuevo México.
Los relatos se quedan huérfanos con la misma facilidad que las personas

Nuestras naves rituales se hunden y nuestras casas comunales se desmoronan ante los maremotos y terremotos que hemos causado.
En un mundo así, los relatos se quedan huérfanos con la misma facilidad que las personas. Pero los relatos buscan a las personas, porque necesitan personas que los cuenten. Y las personas tienen tanta necesidad de relatos que contar como de zapatos, cuchillos y fuego. Los necesitamos porque los relatos son mapas del mundo; son resúmenes concentrados de realidad. Quienes no tienen relatos que contar, al igual que los relatos que no tienen quien los cuente, no sobreviven.
Robert Bringhurst, en Everywhere Being is Dancing, Kentville, Nova Scotia: Gaspereau Press, 2007, págs. 236-237
Ilustración inspirada en los dibujos de la cerámica Pueblo, Nuevo México
Para ser narrador hay que tener buena voz

Además del material que se narra, ciertos atributos puramente físicos del narrador inciden en su labor. Aspectos como la cualidad vocal y los gestos tienen efecto en el público y su forma de reaccionar ante el narrador. La mayoría, por supuesto, estarán de acuerdo en que hay que tener una buena voz para narrar historias. Los oyentes se quejarán si la voz del narrador es débil (za’if). Los oyentes valorarán a los narradores cuyas voces describen como cálidas (garm), una voz que consigue conmoverlos. Los narradores pueden desarrollar formas estilizadas de presentación, pero éstas no son tema de formación, ni constituyen el valor más importante de la narración. […] Todos los narradores reconocen también que pueden adoptar elementos del estilo de otros narradores a los que han tenido ocasión de escuchar.
Mary Ellen Page, “Professional storytelling in Iran: Transmission and practice”, Iranian Studies, vol. 12, 1979, pág. 211
Ilustración inspirada por un dibujo de la cultura Mochica, Perú.
Un buen narrador domina plenamente el relato
[En Irán,] haya entrado en la narración mediante un estudio formal o se haya formado a sí mismo, un hombre enumerará los mismos puntos clave para triunfar como narrador. Tanto los narradores como el público describen al buen contador de historias como alguien bien versado (vared) en su material. El narrador considera que debe poseer un conocimiento pleno y completo tanto de la fuente literaria como del tumar. Un narrador también se precia de guardar en la memoria un conjunto considerable de poesía lírica.
»El público está familiarizado con el repertorio del narrador, y un narrador no recitará materiales que su público desconozca. Considera que los oyentes no regresarán a diario para pagar y escuchar un relato que no habían escuchado nunca (balad nistand). En suma, los aspectos que se valoran para considerar a alguien buen narrador son los que más se reflejan en la formación para convertirse en narrador profesional: memorización de textos y dominio de un material familiar.
Mary Ellen Page, “Professional storytelling in Iran: Transmission and practice”, Iranian Studies, vol. 12, 1979, pp. 199-200
Ilustración inspirada en los dibujos de MinaLima para el libro de J.K.Rowling Fantastic Beasts and where to find them
El mundo de los relatos no tiene fin

Los recitales narrativos variaban también en otra dimensión, la de la explicitud y extensión. Un narrador admirado podía desgranar un relato de la extensión que quisiera a base de añadir detalles, pero también podía plasmar la esencia del relato de forma breve. Quienes ya conocían los relatos podrían evocarlos mediante los detalles proporcionados. La presuposición de que una parte representa apropiadamente al todo sigue viva, y quienes te atribuyen un conocimiento de los relatos a veces muestran sorpresa cuando preguntas por un detalle que no se ha dado. […] Un relato termina, como relato y como evento, pero el corpus narrativo y el mundo de los relatos no tiene fin.
Dell Hymes, “Discovering Oral Performance and Measured Verse in American Indian Narrative.” In “In vain I tried to tell you”: Essays in Native American Ethnopoetics, Philadelphia: University of Pennsylvania Press, 1981, p. 322
Ilustración inspirada por la decoración de huevos de avestruz de los pueblos bosquimanos.
El narrador nunca recitará la secuencia completa del relato

La epopeya de los nyanga no es un texto que se recite sólo en determinados momentos o en ocasiones ceremoniales altamente esotéricas. No hay en ella nada secreto; está destinada a que todo el mundo la escuche y la disfrute. Normalmente un jefe o cabecilla, o simplemente – para proporcionar entretenimiento a su gente y a sus huéspedes –, la persona de más edad de un grupo de personas emparentadas, invita al bardo para que recite al anochecer varios episodios de la epopeya, alrededor de la choza de los hombres, en medio del poblado. Una muchedumbre de personas de ambos sexos, jóvenes y de más edad, acuden para escuchar, o más bien para ser oyentes participativos. […] Lo interesante es que el narrador jamás recitará el relato de principio a fin en una secuencia completa y consecutiva, sino que recita de forma intermitente diversos pasajes escogidos del mismo. El señor Ruerke, cuya epopeya se ofrece aquí, ha aseverado una y otra vez que nunca antes había recitado el relato completo en un periodo de días sucesivos.
Daniel Biebuyck y Kahomb C. Mattene, The Mwindo Epic from the Banyanga (Congo Republic), Berkeley and Los Angeles: University of California Press, 1969, pág. 13-14
Ilustración inspirada en instrumento chamánico de Indonesia
Dos formas de hacerse narrador en Irán

[En Irán], los pasos para convertirse en narrador varían de una persona a otra. […] Lo más común es que el narrador aprenda su arte de un maestro de la narración. Como alumno (shagerd), toma clases de un maestro (ostad) al que paga por las clases y por proporcionarle los materiales. El propio maestro es un narrador en ejercicio. El alumno trabaja en solitario con su maestro. La formación hace hincapié en aprenderse el material de corrido. Al alumno se le enseña la obra literaria Shanama [“El libro de los reyes” de Firdusi, 940-1020 d. C.], estrofa a estrofa. […] Además del trabajo literario, el alumno debe copiar y aprenderse el tumar, que recibe de su maestro. Este tumar es un esquema en prosa de los episodios que componen los relatos que contará. El alumno también aprende filosofía y religión, además de poesía de otros autores distintos de Firdusi. El periodo de formación varía de persona en persona. […]
Un narrador puede entrar en la profesión por su cuenta, sin haber pasado por una formación más rigurosa. Quizá, simplemente, atraído por el arte de narrar historias, vaya a escuchar a varios narradores, aprenda a narrar a fuerza de escucharlos, se busque la parte literaria y la memorice, y empiece luego a ejercer su nuevo oficio.
Professional storytelling in Iran: Transmission and practice”, Iranian Studies, vol. 12, 1979, pp. 198-199
Ilustración inspirada en pinturas rupestres de Lesotho
Si excede el tiempo asignado, el público puede irse

